AKRA

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miércoles, 17 de septiembre de 2014

El Punto G de la Política

Política, votos, elecciones, urnas, destapes, propagandas… ¡ME EXCITÉ!,  hoy hablaré del Punto G.

Conocer tu cuerpo y satisfacer todas tus necesidades se ha vuelto una carrera que toda mujer quiere llegar y en el que los hombres no son ajenos, pues si no ayudan, no estorben.

Hoy más que nunca esto ya no es un tabú y ocupa temas de conversación más frecuentes de lo que se imaginan, y es que el Punto G es el centro del universo para quien desea llegar al clímax, que sólo es perfecto si tienen los componente claves: estimulación, excitación, relajación y un cúmulo de emociones.

El término “Punto G” fue acuñado por Addiego y colaboradores en 1981, en honor al alemán Ernst Gräfenberg,  que lo descubrió en los años 40 por casualidad, mientras estudiaba la uretra femenina. Inmediatamente fue criticado por los ginecólogos más destacados en esos años. Negaron su existencia debido a que no es fácil de encontrar a menos que se estimule; estudios de autopsia, en cambio, han fallado en hallarlo. Fue hasta después que se demostró la existencia del Punto G por diferentes observaciones, que cambiaron de opinión.

Ese espacio casi sacrosanto de la excitación sexual (Punto G) puede que exista, o puede que no. Lo que sí existe es el Punto G de la política. Y en este, el ginecólogo Ernst Gräfenberg tiene poco que decir.

¿Qué nos incita a votar?, el Punto G es lo que nos empuja a las urnas, el que despierta ese interés dormido por lo que dicen los candidatos y sus propuestas. Es el que nos puede llevar a acaloradas discusiones en una mesa, a militar en un partido o a asistir a un mitin. El punto G de la política está alojado en la amígdala y está vestido de emociones y valga decir, ¡qué tal encontrón de emociones subidas de tono!

Para encontrarlo, debemos ir hasta el sistema límbico, ya que, en él residen las emociones. Tanto el sistema emocional como el valorativo están ubicados en la misma parte del cerebro y juegan un papel básico en la toma de decisiones, desde saltar o no al agua en una piscina a evitar el ahogo, o el ir o no a votar.

El elemento clave del sistema límbico es la amígdala, aquella que tiene un parecido con una almendra, corresponde al conjunto de núcleos de neuronas localizadas en la profundidad de los lóbulos temporales. Entre sus funciones está la de regular muchos procesos emocionales: identificar y responder expresiones emocionales de otros, crear intensidad de una experiencia emocional, generar y enlazar sentimientos a experiencias que nos asustan, etc.

Es clave en la inteligencia social y emocional. Juega un papel esencial en enlazar pensamiento y emoción, particularmente en usar reacciones emocionales para guiar el proceso de toma de decisiones.

La amígdala no siempre responde de forma consciente a los estímulos que se reciben. Es el caso de los impactos subliminales, ya sea porque percibimos la imagen de algo que nos recuerda a una serpiente sin darnos cuenta y nuestro recuerdo evolutivo nos hace ponernos en guardia a realizar acciones bajo los efectos de la publicidad subliminal.

De hecho, tal y como señala Goleman, el autor de inteligencia Emocional, esta es una rémora de nuestra evolución: nuestro cerebro emocional procesa de forma más rápida la información que nos llega por el hipocampo y predispone nuestro cuerpo a una respuesta mucho más rápida que la que dará nuestro “cerebro pensante”.

Muchas de las decisiones que tomamos en nuestra vida están capitaneadas por nuestras emociones, por lo que ocurre en esa almendra (amígdala). Por ello, si los candidatos políticos quieren ganar deben entender que es necesario excitar ese Punto G del electorado a través de las emociones.

Por ello, es necesario invertir tiempo en entender cómo funciona nuestro cerebro, sobretodo entender qué emociones despliega nuestro candidato.

 La política de las emociones necesita tener un relato que nos lleve al estado emocional deseado y que tenga resonancia en este cerebro político que explica muchas de las acciones que llevamos a cabo en política. Después de todo, el Punto G ya no es tan mito. Al menos, en política, sabemos dónde está. Otra cosa bien distinta es saber si los partidos saben excitarlo.

Por eso, con este poder para alterar las emociones, es lógico pensar que este Punto G político se encuentre algo más arriba de nuestras partes íntimas, en concreto en el sistema límbico, a la altura de la amígdala cerebral.
Así que no se extrañe nadie si determinadas actuaciones de nuestros políticos provocan éxtasis neuronales en la población, aunque visto lo visto, a muchos le entrarán ganas de hacerse asexual.
           


Excita el Punto G adecuadamente y tendrás un voto a  favor….

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