Gritos,
matanza, violaciones, desaparecidos, muertes y sangre. La posibilidad de no regresar a casa, el
miedo, las batidas, los perros colgados en postes de alumbrado público, los
coche bomba, las fosas comunes, las desapariciones y las torturas. Silencios
invadidos por llantos desesperados.
Dinamitaban
torres de alta tensión y los carros caían al río. A diario las ciudades
quedaban a oscuras, la psicosis invadía los hogares. Nadie sabía quién era
quién, los militares mataban civiles, los civiles mataban a periodistas y los
terroristas mataban a cualquiera que se movía.
Hay heridas que nunca van a cicatrizar, porque hace
25 años la violencia engendró más violencia, dejando secuelas que aún duelen.
Hay
una generación privilegiada que no vivió épocas genocidio y esa es mi
generación, sin embargo, la conozco porque
mi infancia siempre estuvo llena
de historias, mi abuelo siempre me contaba cómo
el terrorismo tiñó de sangre el
Perú y en mi inocencia yo creía que eran historias inventadas, como si me contaba
episodios de una película de terror, lo escuchaba atenta y a veces lloraba y le
decía: ¿yo no quiero ver a esos hombres malos?, él secaba mis lágrimas y me
decía: “eso ya acabo”
Sendero
Luminoso horrorizó a toda la sociedad peruana, marcando su historia para
siempre. Aproximadamente 60 mil personas murieron, 500 mil fueron desplazadas
de sus hogares y cerca de 3 mil siguen desaparecidas.
Fueron
décadas de horror. La primera aparición de Sendero Luminoso fue 1980 cuando
terroristas quemaron ánforas de votación en Ayacucho un día antes de las
elecciones presidenciales.
A
tres años, en 1983 18 niños y 69 campesinos por 60 militantes de Sendero
Luminoso en Huanca Sancos. La mayoría de las víctimas murieron por heridas de
machete y hacha, algunos recibieron
disparos a corta distancia en la cabeza, otros fueron quemados con agua
hirviendo. Esta fue la primera masacre del senderismo contra una comunidad
campesina.
En febrero de 1992 la “Madre Coraje”, María
Elena Moyano, fue dinamitada por los senderistas para asustar a sus
seguidores. En setiembre del mismo año, dos vehículos, cada uno equipado con
una tonelada de explosivos, estallaron en el centro de Miraflores en Lima a las
9.15 pm, matando a 25 personas e hiriendo a otras 200.
El
profesor de Filosofía Abimael Guzmán en 1979 fundó Sendero Luminoso, con el
objetivo de crear en el Perú una "república popular" basada en la doctrina
maoísta, ideología que fue tergiversada. El “iluminado Abimael” desde entonces,
dominó a sus seguidores y Sendero empezó a ejecutar masacres de campesinos,
atentados terroristas, genocidios a
quienes no compartían su pensamiento cruel y asesinatos selectivos de militares
y políticos.
El
12 de septiembre de 1992, Abimael Guzmán fue capturado en Lima junto a cuatro
mujeres, entre ellas Elena Iparraguirre, su segunda esposa y Maritza Garrido,
su “protectora”, quien salió hace dos días de la cárcel, después de cumplir 25
años de condena. Esto marcó la derrota política y militar senderista. Sin
embargo, sobrevivieron pequeñas agrupaciones que se concentraron en las zonas
selváticas del Alto Huallaga y el Valle de los Ríos Apurímac, Ene y Mantaro
(Vraem)
Los
terroristas hacían que la vida ya no dependa de uno. La historia roja aún
duele, llegamos a ser un país sin
rostro, con dolor y sin sueños. Estuvimos en un estado de coma por más de 12
años, agonizando, muriendo. Ahora que estamos vivos, no dejemos que el cáncer
nos vuelve a invadir.
Yo
ruego que la memoria siempre nos recuerde que el fanatismo sólo es cosa de
locos y que el terrorismo mata; y si eres de la generación que no sintió el
terror, infórmate, que el rostro de Abimael Guzmán signifique muerte, que la
ignorancia no fortalezca el terrorismo que aún late moribundo y que no debe
renacer.
NO
MÁS, POR FAVOR… aprendamos del pasado. No engendremos más
violencia.
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