Las princesas de cuentos de
hadas no existen, mucho menos las más modernas muñecas inflables. No nacimos
para satisfacer a otros. Si mi ropa deja descubierta mis piernas, no es motivo
para que quieras tocarme. Me visto para sentirme linda, no para que te sientas
macho. Tengo derecho a ser libre.
La violencia duerme con
nosotras por las noches y desayuna por las mañanas. Lamentablemente vivimos en
una sociedad en la que el machismo sigue pintando de rojo los labios de las
mujeres. Esta sociedad es la que esconde la basura debajo de la alfombra y
nunca la bota, por miedo o por indiferencia. No sabemos que el quedarnos
calladas también nos vuelve cómplices y llenamos de energía a ese monstruo que
mata.
El sábado por la noche
disfrutaba que mis sobrinas jueguen en la plaza de armas de Tarapoto y mientras
observaba cómo niños y jóvenes estaban prendidos en sus celulares con ese tan
mediático juego de pókemon. Al costado de mi familia estaba sentada una
señorita con su enamorado, el que estaba literalmente hipnotizado por su
celular. Hasta ahí todo era normal, vivimos en ese mundo tecnológico, pero
cuando escuché el sonido de un golpe en la cabeza, es que reacciono y me
percato de lo que estaba pasando frente a mí.
Resulta que la señorita le jaló
el brazo como buscando la atención de su enamorado de manera cariñosa y sin
querer, el celular se cayó por las piernas del chico y posteriormente rozó con
el suelo. Este accidente para el “hombrecito” (si podemos llamarlo así) fue una
insolencia, un insulto, que le dio el derecho de hacer un puño en su mano y
golpear la cabeza de la señorita hasta que ella se incline por la fuerza del
golpe. Como era de esperarse, todos volteamos y mi madre sin darse cuenta de lo
que pasó, les preguntó: “¿están jugando?,
me imagino, ni una menos y sonrió, la víctima de agresión se arregló el
cabello, me miró y se levantó dejando solo a su agresor, al que no le importaba
lo que sucedía, es ahí que le digo a mi madre, que no fue un juego y le comento
lo que vi.
Muchos dirán, hablas mucho
y no haces nada, sin embargo tengo que decir que estas cosas son las que más me
indignan, el agresor se levantó y se fue caminando idiotizado con su celular,
como si nada hubiese pasado, a unos metros se sentó en otra banca. Me paré, le
seguí, busqué a una mujer policía (porque los hombres uniformados a veces
minimizan estos actos), no encontré apoyo policial y tampoco a la víctima, no
tenía sustento para que se verifique qué pasó. Como estaba indignada,
acalorada, con la rabia que hacía que se entrecorte mi voz, me acerqué al lugar
donde este joven estaba sentado y lo encaré, diciéndole: "tú te crees tan
machito para pegar a una mujer, esa chica no se merecía que le faltes el
respeto así, tienes suerte de que no haya un policía cerca, porque lo que
hiciste ya está penado, y deberías acordarte que tienes madre, y de seguro
estaría decepcionada de tener un hijo tan cobarde. Sigue con tu celular y tu
bendito juego, pero por acciones como las tuyas es que las mujeres piensan que
son culpables de golpes, y se van y se callan como tu enamorada, este es el
inicio de muchas muertes." Él me miró, asumo que se avergonzó del roche
público que le hice, no me dijo nada y llegó su amigo para acompañarlo a seguir
atrapando pókemon, mientras mi mamá me jalaba hacia mi moto que estaba
estacionada.
El estrés tecnológico que
vivimos, ni cualquier otra cosa, puede ser motivo para que alguien nos falte el
respeto. Esto pasa en la plaza de armas, en el trabajo, en la casa, en las
universidades, en todos lados, no es algo oculto, es algo visible y muchas
mujeres minimizan y callan, ¿Qué debemos hacer aparte de las marchas? ¿Cómo
hacer entender a las mujeres que nadie puede tocar su cuerpo sin su
autorización? ¿Cómo romper una sociedad con sistema patriarcal? ¿Cómo erradicar
el machismo?
Sigo indignada, sigo
molesta, sigo dolida, porque cada día nos menosprecian, se sienten con la
potestad de poder insultarnos por facebook y en persona, porque algunos hombres
se sienten omnipotentes y quieren degradarte en el trabajo y en la
sociedad.
El maltrato no solo es
físico, es psicológico y emocional, todo esto nos puede causar la muerte.
Desde esta columna
periodística invoco a denunciar el maltrato, es hora de despertar, reír, llorar
si quieres, trabajar, progresar y por qué no, hacer el amor con ganas, porque
eso solamente tú lo decides.
“Si
nos tocan a una, nos tocan a todas”
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