Noches de
frenesí seductoras. Tormentas peligrosas que enloquecen hasta matar. El calor quema
la piel y enciende el alma. Ese amor caliente, suave y animal. Me encanta
sentir esto, estar alborotada y apresurada por esta calentura de la noche. Y antes
de que el chocolate se derrita, mejor empiezo la aventura.
Sus bosques que esconden misterios, lagos,
pueblos perdidos en el tiempo y mucha aventura. Lagunas
cristalinas, cataratas interminables, caminos verdes tan celestiales que
incitan a perderse. Y bajo la mirada de
un cielo infinitamente azul y de eternos
matices, el amor comienza. Las noches
animadas convierten a Tarapoto en algo así como un paraíso al alcance de todos.
Hace
algunos años dejé esta hermosa tierra, fue difícil, al principio me emocionaba
saber que ¡por fin! no tenía que secarme el sudor del cuerpo cada 3 segundos
por el excesivo calor que se impregnaba, sin embargo en menos de una semana,
empecé a extrañar al sol abrazador que calienta al paraíso situado en el medio
de montañas verdes. Sabía que no podía estar lejos por mucho tiempo. Cuando me
tocó retornar a la felicidad, sin duda ni murmuraciones regresé a Tarapoto.
Desde ahí mi vida es un éxtasis total.
Tarapoto
es como una cajita de pandora, pero la diferencia es que el tesoro es visible
ante los ojos de todos y no solo de los curiosos. No es necesario buscar
minuciosamente un lugar para ser feliz, porque en este páramo, cada esquina es
un mundo diferente que te regala alegría.
Las
personas en Tarapoto son tan creativas, hace poco me reí a carcajadas cuando en
facebook una publicación describía siguiente: “Todo lo que se come es rico: el
paiche, el chorizo, la cecina, el tacacho, mamaco, suri y chicharra. Las
aguajeras son tan divertidas, que a los hombres les preguntan siempre ¿Te lo
pelo joven? y ellos emocionados responden ¡De una vez! y se van contentos con
su aguaje bien peladito. La lluvia arruina planes y cuando se enfurece
inunda todo. Aquí no se toca el timbre porque se va de frente a la ventana y se
dice “uuuuuuu” (y no porque seamos hinchas de la “u”). Al caminar las sandalias
suenan “sha,sha,sha”. El "si di", "ya vuelta", “duro”,
“aldian”, “duro ya te espero”, “aquisito nomas” “allawita”, son las frases más
comunes para expresarse. A las mujeres
se les llama “huambrillas” y con estilo particular manejan sus motos en
minifaldas. Los “cumpitas”, las “ñañitas” y los “huambrillos”, todos son
personas amables y humildes” ¿Es cierto di? Así se vive en Tarapoto.
Cuántas historias
que contar vividas en la calle de las piedras y en la locura del Stone Wasi y
el “Hasta siempre Comandante”, que es el himno que hace que se termine en un
orgasmo de emociones, que se mezclan con alcohol y algarabía. Las noches en
Tarapoto corazón, son interminables tanto como el amor que se puede disfrutar.
Y si
quieres amanecer sintiendo como si fuera el paraíso, nos acoge una laguna azul
que enamora y unas cataratas que te hacen tiritar de frío. Los lameños nos
regalan su cultura como si el tiempo se hubiese detenido. El arte de los
chazutinos y su gente que se desvive por hacerte sentir como en casa es algo
incomparable. Si la aventura te llama, el canotaje te deja mojadito de pies a
cabeza, eso no importa, porque mientras más agua y más fuerza, disfrutas mejor.
¿Tenemos
algo de qué quejarnos? ¿Tenemos algo que no sea perfecto en esta hermosa
ciudad? Estamos a puertas para que Tarapoto cumpla 234 años y es justo y
necesario sacar el “indanachado”, el “uvachado”, el “rompe calzón”, el “para para”,
el “sígueme que te atrapo”, la “viborita” y el “7 veces sin sacar”, un
salvajismo embriagador, que nos hace recordar que debemos celebrar en vez de
matar lo que tanto seduce, a quien por primera vez llega a estas tierras: su
gente.
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