Cuando sus manos
tocaron mi cuerpo, sentí que iba a morir en ese instante. Las maniobras se
extendían, los roces eran suaves como una caricia y mi respiración se aceleraba.
Es la intimidad más extrema y cercana que he tenido. Es prolongado, sensual y
apasionado. Placer, relajación, una pausa, un regalo, son sinónimos que invocan
reacciones como: ¡Ayyyy, por ahí siiiiii!
Algunas
personas están sin nada de ropa debajo de la toalla, otros llevan ropa interior
y algunas más tímidas prefieren usar pantalones cortos. No hay una regla, solo
es cuestión de dejarse llevar, hasta el tan anhelado “final feliz”.
Tumbarse sobre la
camilla y dejar que el cuerpo se
abandone a los sensuales placeres de unas manos recorriendo por el cuerpo,
relajándolo y tonificándolo, es sin duda uno de los mejores vicios. Apretar el
cuerpo con suavidad puede hacerte olvidar que la vida misma existe.
Minutos antes de entrar, recibí una llamada telefónica
que me recordaba la lista de pendientes que no había realizado, el sol era
sofocante y el tránsito estaba cada vez peor, lo único que tenía en mente era mantener mi
estado de relajación consciente. Con el pensamiento acelerado me acerqué a la
casa, toqué el timbre y traté de repasar el ritmo de mi respiración antes de
entrar, pero sin mucho éxito, confieso. En el momento en el que abrió la puerta
y comenzó a platicar conmigo, sentí mucha paz. Mi cuerpo sospechaba lo que iba
a suceder. Al poco tiempo de estar en la camilla, la suma de todos los
estímulos terminó por introducirme en un estado de relajación profunda. He logrado prolongar ese relajo a pesar del
trajín de las multitudes y del estresante calor que termina por ponernos en un
estado caótico.
En una sociedad
enferma, mecanizada, inhumana y estresante, no queda más que prevenir cualquier
ataque de pánico y muerte prematura. Nuestro cuerpo es un templo y lo justo es
darle una buena dosis de amor, relajo, pasión y placer. Una apretadita más, no
hace daño.
Los masajes son
utilizados desde la antigüedad para proporcionar alivio y relajo.
El masaje es una de
las terapias más eficientes que se puede tomar. La estimulación con las manos
hace que todo el cuerpo fluya, la sangre y hasta el amor, eliminando desechos y
personas tóxicas. Sanar penas,
angustias, rabias, traumas de infancia o sensaciones de abandono por carencias
de toque o apego, son nudos
emocionales grabados en nuestro cuerpo
que también son eliminados por los masajes.
Tus emociones cambian.
La energía que se entrega en el masaje es aplicada para que todos los sistemas
del cuerpo se liberen de lo que estorba, duele o está obsoleto.
Aprendamos
a disfrutar de la vida, a sentirnos deleitados por muchas cosas y resurgir con
facilidad de las crisis personales sin demasiadas cicatrices emocionales.
Llena
tu vida de endorfinas, aquellas moléculas de felicidad, que hacen que tu rostro
dibuje una sonrisa cuando recuerdas algo placentero que te hace realmente
feliz.
Los
masajes, las caricias, una ducha caliente y la lectura de un buen libro, ayudan
a sentirnos mejor, así como los abrazos, las palabras amables, los besos, un
café y hacer el amor. Las endorfinas son esas sensaciones placenteras que con
tocar o palpar, te hacen estallar.
El toque de piel con
piel es la puerta de entrada para el amor. Tocar representa la llave para el
éxtasis, por eso, hagamos más cosas que nos den felicidad.
Más amores apasionados,
más besos acalorados, más gritos de deseo y sobretodo más placer sobre las
camillas…
Y tú… ¿me
das un masaje?
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