Solo
ella sabe qué carga encima de sus hombros, de su piel y de su historia. No ha
muerto, pero conoció el infierno. El fuego apagó sus sentimientos, su cuerpo
quedó atrapado sin poder escapar y sus gritos se silenciaron, adormecidos por
el dolor.
Él
se adiestro con ese juego peligroso y adictivo. Someter y abusar, es el mejor
pasatiempo. Se encandilan con las más
sumisas y desprotegidas. No son ni "viejos verdes", ni marginales, ni
adictos. No son de los que quieren llamar la atención. Son hombres comunes y
corrientes, que esconden debajo de la alfombra las más bajas perversiones.
Cuando
tenía tres años, conocí a quien desde ese momento sería mi padre, en este caso:
mi padrastro. Él era un hombre joven, buena gente y muy querendón. Nuestra
unión era única, él era mi padre y yo su hija. Cumplía mis caprichos, me
llenaba de besos y detalles. Me acostumbré a dormir en la cama con papá y mamá,
a veces solo en ropa interior, porque era una niña y no había morbo de por
medio. Nunca sentí que despertara placer en él o deseos con tenerme cerca. Mi
historia no es como la de muchas niñas, por lástima, hoy en día, en este
contexto es que se desatan los primeros abusos sexuales. Yo tuve la suerte de
conocer en un buen hombre a mi padre ejemplar. Sin embargo, otras niñas conocieron
al monstruo de su vida.
¿Sabes
con quién duermes? ¿Conoces a tu primo lo suficiente? ¿Tu vecino es tan bueno
como todos dicen? ¿Tu tío abraza con inocencia a tu hija? ¿Cómo reconoces a un
violador? La sociedad enferma empieza a ponerse caótica y uno llega a
desconfiar de todos. ¡Tengo miedo!
“Sentí como su cuerpo me manoseaba, me sentía
asqueada, quería escapar de ahí y me preguntaba a mí misma: ¿cuándo va a parar
todo esto?” A diario, niñas y
adolescentes lidian con la peor de las batallas: el ultrajo sexual. Su
inocencia es arrebatada violentamente mientras aún juegan a las muñecas,
disfrutan de los dulces y el arcoíris.
Ellas, conocen el mundo de la peor
manera, ese oscuro y frío espacio en el que solo sienten las manos ásperas de
un ser despreciable, que busca saciar su apetito sexual. El monstruo tiene
nombre y apellido y camina campante por las calles buscando más víctimas que
destruir y más voces que silenciar.
Lo
admito, como muchas personas al ver noticias desgarradoras sobre los recientes
casos de violación en Yurimaguas, Loreto y Alto Mayo, he llorado de rabia e impotencia. ¿En dónde estamos? ¿Qué debemos hacer?
¿Cómo podemos prevenir? ¿Mi hija está a salvo? ¿Mi sobrina puede jugar sola en
la calle? ¿Mi prima puede ir al cine sin tener miedo?
Cada
día están expuestos el cuerpo y la vida de mujeres y hombres. El morbo se
vende, el sexo lo mantiene vigente y las mentes enfermas que pasan desapercibidas,
se van fortaleciendo para que en anonimato, puedan seguir quitando vidas de
color rosa.
No
hay perfil para un violador, no esperemos ver que uno de ellos es el viejito de
pelo blanco que está tratando de controlar sus hormonas, ¡NO!, los violadores
en su mayoría, son jóvenes. Según los Uniform Crime Reports del FBI, el 61% son
menores de 25 años, los cuales tienen la
tendencia a repetir su agresión una y otra vez y con mayor perversión.
La
violación es el delito que entra a tu casa y toma una taza de café en tu mesa y
con tu familia. El abusador sexual es un perfecto calculador, crea un lazo basado
en la confianza con la víctima y su entorno. Buscan obtener placer y dominio total sin levantar sospechas.
¿Cuáles
son las causas que llevan al violador a cometer este delito? ¿Tiene
sentimientos? Estos son algunas de las interrogantes que provoca conocer tras
una nueva escena de violación.
Ayer en
una conversación alturada con mi sobrina de 4 años, sobre lo importancia de su
cuerpo y que nadie debe tocarlo. Ella me dijo: “Tía, cuando un extraño se me
acerca, yo grito fuerte hasta quedarme sin voz”. Asombrada le pregunté: “¿Y si
ese extraño es un amigo de tu mamá”. Su respuesta fue espectacular: “Está bien,
pero es amigo de mi mamá, no mío”. Esa
inocencia no debe perderse. Y la única manera de prevenir es hablando de ésta
realidad a nuestras mujercitas de casa.
El violador
seguirá fabricando fantasías, llenará las paredes de su cuarto con fotografías,
intentará acercarse a su próxima víctima y se obsesionará. Pero, ni ellas, ni
tú, ni yo, estaremos en su cama.
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