Tus dedos
tienen poder y eso me eleva hasta el cielo. Encaje y algodón mezclados en el
suelo, zapatos en un rincón y encima del escritorio papeles y cinturón. Siempre
he visto el final del juego, pero hoy solo hubo estrategia y uno que otro
cambio surgido inesperadamente. La duda siempre me corrompe y el deseo me
atrapa.
Al igual
que un amor en olvido, venimos inmersos en un juego simple y sin ninguna cuerda
atada a la cama. Este poder masoquista
ha generado más de una tormenta que ha desempolvado los papeles de contrabando
del estante, firmas que ofrecen dinero, sexo y uno que otro amor favorecido en
remate.
Es el vicio
más adictivo. El solo hecho de estar
metido en algo ilícito y prohibido hace que la piel se erice y el corazón
palpite con más fuerza, es ese ruido atronador que compite con la respiración
entrecortada. Escuchas esa voz interna que te anticipa que debes tener cuidado,
que nadie te sorprenda para que todo salga perfecta y calculadamente.
En la
oficina, en el parque, en tu casa, en tu cama y en la mía, la corrupción está
en todos los escenarios y tiene posturas más sofisticadas que el kamasutra.
Arriba, abajo y en los costados. Tu amiga, tu compañera de trabajo o el amigo
de ellas, pueden formar parte de ese poder que carcome y que llega hasta matar
lo más puro del alma, la conciencia.
El
propósito es simple: poder y dinero, los puestos ostentosos, los sillones
acolchados, una mejor oficina y los mejores puestos para la familia y amigos.
Existen
todo tipo de debilidades, algunas son más fácil de caer, la comida, la
infidelidad, una aventura, son las tentaciones que vuelven débil a más de uno. Los estándares morales, incentivos y promesas
se acceden por alguna falta a la ley. Es ese comportamiento corrupto, ilegal y
deshonesto, la especialidad que la casa recomienda, el mejor platillo que te
hace chuparte los dedos y querer más y más.
La corrupción
se abraza como a una fiel amiga y se besa como al primer amor, tierno e
inocente, con esa timidez del toque de manos de dos enamorados. Comprende una amplia gama de delitos, desde
el desfalco más grande hasta pasarse la luz roja y coimear al policía. La
corrupción está en todos lados, es esa sombra a la que sí se ve en plena luz
del día.
Algunas y algunos muerden
el anzuelo, caen en esa provocación con aroma a dinero, cuando pruebas de ese
goce ilícito y entras a las puertas del edén, tu espacio se vuelve el infierno
al que nunca hubieses querido llegar, pero las reglas del juego siguen y la
ambición mueve más montañas que la fe.
Son agarres y amarres que
seducen lento y despacio. La vida te presenta al demonio en el infierno
terrenal, te ofrece éxtasis a cambio de tus tan valiosos servicios delictivos.
Obtienes un viaje de placer hacia lo ilícito, ese amor de a dos que a veces es de
a tres o de más, depende de cuáles sean los tan jugosos beneficios. La
corrupción, es infidelidad, es amor, es sexo, es aventura, es delirio, es dolor
y muerte, un callejón del que nunca podrás salir, pues tu nombre es tatuado
para siempre.
Del único placer que quiero
cumplir condena en actos delictivos, es del amor, así que, corrómpeme despacio como tú
sabes, sedúceme con prisa y con risa, hazme el amor con tus aires de seductor,
haciéndome parte de esa corrupción celestial que no mata pero encanta.
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