"Qué rico perfume llevas puesto" le
dije al saludarlo, "es que he mordido muchos cuellos", me respondió con una
sonrisa pícara. Yo lo analizaba tanto como cuando sus ojos desnudaban mi alma.
No pude evitar fijarme en él, imaginarlo tan mío, era el aperitivo que en ese
momento mi vida necesitaba.
Su sonrisa y nuestro "feeling"
seguían ahí. Me tocaba la mano siempre que podía, hicimos una conexión única.
Son esos amores clandestinos y contrariados, los que se vuelven miel con sabor
amargo. A veces ese personaje al que quieres devorar a besos y volverlo hombre
por solo una noche, se vuelve el mejor amigo de toda tu vida.
Él me comentaba que
había hecho el amor con un número incierto de mujeres, pero que ha disfrutado más
hacerlo con hombres. Se ha enamorado, ha llorado y ha reído, se siente igual
que mi amiga y más atraído por el amigo de su hermana. Lo siento tan puro, que
no logro comprender la sociedad cruel y poco tolerante en la que vivimos.
He tenido amores cautivos, alguno que otro
platónico, los mejores han sido aquellos con los que podía andar en brasier y
no tener el pudor de sentirme observada morbosamente, con ellos salía de fiesta
o pasaba la mejor de las tardes en casa viendo películas, me secaba mis
lágrimas y hacía suyas mis alegrías, hasta el punto de creerse que el hombre
que me gustaba, era casi suyo. No podría imaginarme que a una persona así,
alguien quisiera arrebatarle la vida, por simples fobias que carcomonen su alma.
Indigna darse cuenta de una amarga realidad
actual en contra de los derechos de las personas que aman a otras de su
mismo sexo, saber que a diario suceden casos homofóbicos, horroriza a tal punto
que uno se pregunta ¿Quién en realidad tiene el problema?
Cuando uno es niño, se juega, se ríe, todos te
abrazan, te besan, te llenan de amor, hasta lanzan frases como: “tu eres la
promesa de la familia”, “el orgullo”, vives en una burbuja extraordinaria, eres
el pequeño ser que cumplirá las expectativas. No piensas en un mañana, tu
futuro se restringue al nuevo juego que quieres estrenar con tus amigos, en ese
mundo no existe el rencor, ni la maldad. Cuando estás triste, siempre hay
alguien que te abraza y que intenta apaciguar tu pena con un dulce de la tienda
de la esquina. En eso se reduce esa hermosa vida, en solo vivir.
El sábado pasado vi a dos ancianos
sonreír con amor, juntos, tomados de la mano, aprisionando su amor como si
alguien se lo quisiera arrebatar. Esa escena la guardé con ilusión, la ilusión
de crear una historia donde ese par de ancianos, fueran otros de cuerpos
semejantes, una historia en donde quedaría muy atrás las consignas
discriminatorias.
“Rarito” “Aberración” “Te quemarás en
el infierno” “Dios no te quiere” “Me das asco”, todas estas frases inspiran
solo odio y lástima por quien lo dice. Da miedo el mundo en el que vivimos, en
el que solo catalogan la opción sexual distinta como repugnantes y a quienes se
tiene el derecho de mirar inquisitoriamente, como si fuesen una plaga en la
sociedad. Hace un tiempo atrás, presencié cómo a un chico, al que no conocía,
era violentado, pateado y llenado de escupitajos por “normales”, infiltrados en
una desconocida vida, creando un daño inmenso a esa víctima inocente, que quizá
únicamente buscaba un amigo con quién charlar, de la misma manera como nosotros
podemos hacerlo libremente.
¿Cuándo? es la pregunta que todos nos hacemos. Todos queremos amar sin críticas, sin señalamientos, sin miedo a que los puedan matar solo por sentir amor por otra persona.
¿Cuándo? es la pregunta que todos nos hacemos. Todos queremos amar sin críticas, sin señalamientos, sin miedo a que los puedan matar solo por sentir amor por otra persona.
¿Cuándo
dejarán de despedir en el trabajo por la orientación sexual? ¿Cuándo se
dejará de relacionar el Sida con la homosexualidad? No hay
personas anormales, solo distintas en sentimientos y que les les duele
ser el centro de miradas discriminatorias y llenas de odio.
¿Algún día
la iglesia entenderá que el ser homosexual no significa que sean los hijos
conspiradores de Dios?
Queremos ser una sociedad libre y
superada, queremos creer que estamos creyendo, cuando en realidad matamos solo
por placer y lastimamos por un simple pasatiempo. Hacemos que las distintas
formas de amar, sea el blanco perfecto para destilar maldad.
Sin duda hay algunas historias que si
tienen un final feliz, los romeos y las julietas encontraron lo que tanto
buscaban. Solo existen romeos que no necesitan una mujer para ser feliz y
julietas que no necesitan a un hombre para ser feliz.
Cada quien hace de su vida un paraíso o
un infierno, y qué mejor que sea un paraíso ¿No lo crees?
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