Entre copas, un grupo de
amigos se desahogan. Se escucha una exclamación de impotencia y preocupación ¡A
mi flaca no le viene!, lo que es interrumpido por el bacán que le reprocha no
haberse cuidado. El conquistador sin causa alardea de sus choques y fugas, sin
compromiso y sin hijos. Mientras que Gabriel comenta sobre su última aventura
pasional de la noche anterior, Orlando se acalora pensando en su amante de
turno. El afectado sigue con la preocupación encima, y en eso aparece la
susodicha, desconcentrada se sorprende de verlos juntos y que todos se
conozcan. Y así, el hijo que podría llevar en el vientre, podría ser de
cualquiera de los cuatro manganzones, que creen saberlo todo.
Recuerdo que cuando mis
tíos empezaron a traer enamoradas a la casa, mi abuelita sacaba sus ojos
saltones, haciendo un escáner óptico a las posibles “nueritas” en cuestión. Y
siempre, con su sarcástica sonrisa, decía: “Cuidado y la traigas con su domingo
siete. Hijito, de lo que estoy segura es que los hijos de mis hijas son mis
nietos, los hijos de mis hijos, Dios sabrá”. Y así, su profecía con el tiempo
se hizo realidad, en uno o varios casos cercanos.
Existen grandes tormentas,
capaces de destruir toda una vida. Ella destila seducción por donde la vean, es
capaz de que su mentira sea una verdad, con tan solo un par de palabras, a un
mes de casarse, tuvo una aventura con un sujeto, todo iba bien, hasta que quedó
embarazada. ¿Cuál era la coartada?, decirle al novio que el hijo era suyo. ¡Asunto
solucionado! El hijo que ella espera, no dirá “papá” a quien en realidad lo es.
Un hombre es víctima de la peor de las mentiras, esa que es camuflada por
egoísmo y que juega con lo más preciado, el amor de un hijo y el amor de un
padre. Mientras tanto, el otro, la aventura, el verdadero padre, seguirá siendo
esa tormenta capaz de destruir catres con esa mujer y con otras más. Ella
seguirá feliz, pues existe un tonto manteniendo el fruto de una infidelidad.
Hay mujeres que durante su
vida se han pulido en la profesión de la mentira, la maldad y el cinismo. Tienen
el alma podrida y capaz de llevar una doble vida y cargar una cruz con
mentiras, y hacer como si nada pasará.
Ella, siempre casual, le
falta cuotas de sensatez. Tenía un matrimonio que cualquier mujer pudiera
soñar, el problema era ése, tener todo, sin merecerlo. Se excusa en que se casó
muy joven, el bebe vino muy rápido y de repente “se aburrió” y se enganchó con
un compañero del trabajo, se ilusionó. Él le prometía el mundo entero, luego no
pudo controlar la situación, hasta que un día, tiró su matrimonio en el tacho
de basura. Así de simple, ni el hijo podía retenerla, es más, el niño era un
impedimento para su felicidad disfrazada en noches de discoteca y placer, solo
placer.
Empieza la escena, las
mujeres se vuelven toreras y buscan su mejor ángulo para que el toro pierda la
batalla. Hombres y mujeres mienten por diferentes razones y ser un marido
"ejemplar" nunca es suficiente.
Todo tiene fecha de
vencimiento. Experimentar lo nuevo es totalmente fascinante: abrir el regalo de
navidad con tanta curiosidad, el olorcito de la ropa recién comprada, despegar el film que protege un celular
flamante, comer ese lomo fino, cuando llevas dos días de ayuno, no tiene
precio.
Vivimos en una época de insatisfacción constante. Lo que queremos no se asemeja a lo que tenemos. Al deseo le sigue más deseo.
Nos hemos vuelto expertas
estafadoras emocionales. No existen límites cuando algo queremos conseguir. Generamos
mentiras, una tras otra, involucrando siempre a más de uno, derrumbando quizá
hasta la torre más alta del mundo.
Y así este círculo vicioso seguirá dando vueltas, porque
el amor todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
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