“Mariposas en el estómago”
, sí, eso que llamamos amor, la bendita idea del príncipe azul y el “vivieron
felices para siempre”, ¡son puras falacias!, son cuentos imaginarios que
servían para poder doparnos antes que mamá termine por exterminarnos. Y así las
noches se tornaban de ensueño, de pensar en un mundo ideal en donde reinaba el
amor, en donde enamorarse era requisito para el matrimonio y eso el objetivo
principal en la vida de toda mujer.
En aquellos cuentos se aseguraba
la felicidad eterna, la unión de dos seres, y así, el sueño de niña siguió en
mi cerebro hasta unos años después en donde la experiencia en el amor empezó a
hacerse notoria. Y así fue que maté a cupido y a las tontas ideas de amar. El amor
es una cuestión de decisión, de compartir y convivir sin llegar a matarse, es la única guerra en la que si ganas, matas, pero
a besos.
En una conversación entre
letras, en donde el cóctel de amor es nuestro mejor pasatiempo, así entre
versos y prosas, llegamos a la pregunta ¿y tú tienes marido?, mi respuesta fue
inmediata y atiné con la cabeza negativamente, pues para mi filosofía femenina,
marido es un término machista, que en la sociedad en la que vivo, es la idea de
tener a un “macho” que sentenció su vida con una mujer por amor o a la fuerza. Mi
respuesta a la defensiva y negativa, hizo que él soltara carcajadas, en
realidad no me sorprendía, porque sacarme de mis casillas, es algo que muchos
lo toman como deporte y ya va gustándome esos trotes.
Fue así que me comentó la
historia de Sofía, una periodista española, que radicaba en Argentina y
convivía con otro periodista conocido del medio. Mientras ella presentaba
eufóricamente su libro, fue abordada por un colega y ametrallada con una serie
de preguntas de su vida privada, entre ellas la siguiente “¿Sofía tienes
marido?”, a lo que de la manera más dulce lanzó un dardo directo a la yugular,
con una sonrisa en el rostro y de la manera que sólo una mujer puede hacer. ¡No
tengo marido! Y ante ello fue nuevamente arremetida ¿Y Carlos, terminaste con
él?, entre risas, Sofía sentenció, ¡no!, no terminé con Carlos. El periodista se
disculpó y sentenció: ”Lo que pasa Sofía, es que en nuestro país marido
significa la persona con la que vives o estás casada”.
Entonces no tengo marido,
no tengo esposo, Carlos no es mi marido, él es mi novio, mi amigo, mi eterno
amor, el que por las mañanas me levanta entre besos, quien me regala flores, me engríe, con quién comparto mis días y
noches, me apoya en mis momentos de tristeza y locura, él es mi novio, con
quien sé que a pesar que pase el tiempo, y sin ningún contrato, seguirá siendo
mi novio.
Sofía, no es la única a la
que la paralizan con los términos de “marido”. Cuando ya se tiene una relación
de más de un año, o cuando ya se convive con el susodicho, la sociedad traduce
el romance en matrimonio, pues de lo contrario, no se codifica como tal, no se
realiza y el amor no prospera, simplemente, el amor fracasa.
No culpo a nadie, el amor y
el matrimonio se ha prostituido, los sueños de Disney y de cuentos de libros
con impresión fotográfica alucinante, en donde los caballos blancos y el sexy
príncipe fornido, educado, guapo y sensualmente comestible aparece con el
castillo, con la promesa de un amor para siempre, ese sueño dorado y deseado
pasionalmente, terminó por caerse a pedazos.
El matrimonio ya no es el
ideal de toda mujer, uno ya no sueña con casarse como objetivo principal, el
matrimonio es una decisión en pareja, es un acuerdo, no una imposición de la
sociedad, porque luego “te quedas solterona y ahí ya fuiste”. El matrimonio
lamentablemente significa “fracaso”, hay más divorcios que matrimonios y eso no
asegura nada.
Nadie niega lo hermoso que
podría ser, pero por ahora en el cóctel del amor y de las mariposas en mi
corazón, sigo pensando que algunos cuentos no son para que tengan finales
felices, sino para ser felices sin tanto cuento.
Mi novio será el que me
enamoré con poesía, me embriague entre verso y prosa, quien pueda inmortalizar
mi amor en una fotografía, quien comprenda que mi pasión y locura son sellos
con tinta indeleble; el que entienda el lenguaje de los animales y la maravilla
hecha naturaleza, el que no cesará en su batalla, pues su reina lo vale todo. Y
así, el novio de mi vida se sabrá de memoria un poema de Mario Benedetti y yo
moriré por él.
¿Quieres
ser mi novio?
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