"Este
trabajo es bonito, pero eso sí, es peligroso”
Al rojo vivo, todo es excitante, fiesta, alcohol,
sexo, deseo de goce, un ensueño, el dinero flota en el jacuzzi de lujo. Todo
sorprende y enamora a más de una, mujeres ingenuas, otras de ambición que ven
realizado su sueño de fama, dinero y poder… ¡total! su cuerpo paga a creces
todos los gustitos y caprichos a los que están siendo acostumbradas.
El rey, es ese hombre que mueve toda una ciudad,
recorre todo el mundo con viajes como pequeños pasatiempos. Resulta ser un tipo
de Aladín, aquel genio que con solo escuchar el deseo, atina a cumplirlo sin escatimar.
“Una moneda es poca para decidir mi futuro”, indica
un capo, amasando así una gran fortuna a base de cultura blanca.
En el espectáculo aparecen muertos, algunos degollados,
decapitados, colgados e incinerados, este destape público es tan grande, que
nadie quiere, ni es capaz de detener. ¡Cállate o te castigo!, en este
espectáculo hablar, es sinónimo de sangre, de tragedia, de muerte. Esta es una
vida fascinante y atractiva para muchos, pero temida por todos.
El narcotráfico ofrece no
solo el dinero, pues para involucrarse con el narco se requiere cierto temple y
gusto, “soy muy violento y me gusta matar”, la violencia corre por sus venas,
es la cierta adrenalina necesaria para subsistir y para seguir siendo poderoso.
Al
narcotraficante le gusta su trabajo y le gusta más que cualquier otro trabajo
que pudiera tener en la industria legal. Los narcos son hombres jóvenes, con escasa
educación formal y provienen de esferas económicas no muy privilegiadas. Con
una edad promedio de 18 años y habiendo dejado la escuela cuando estaban en
secundaria. Quien viva y goce del narcotráfico tiene aspiraciones económicas altas
que la legalidad no puede satisfacer, tienen un gusto muy desarrollado por el
poder.
La ropa
llamativa y lujosa, los discursos de poder, vehículos ostentosos y mucho
dinero, son parte de la cultura de violencia del narcotráfico, la cual se está
volviendo un excelente “estilo de vida”.
Actualmente
somos protagonistas de una realidad totalmente alarmante. El hecho es que
nuestro país al estilo Colocho, acepta y toma con total normalidad que una persona
consuma drogas, comercialice y exporté las mismas, silenciando situaciones que
lo único que hacen es alimentar a los peces gordos del narcotráfico.
Los peces
gordos nunca caen, siguen nadando, cuando alguien es descubierto en este mundo,
simplemente al estilo Pablo Escobar, eliminan del mapa a cualquier amenaza.
¡Cállate o te mato! , muchos de ellos en el intento de salvar su vida, son asesinados
a sangre fría en un dos por tres. Esa es la única forma de mantener intacto al
rey o los reyes del mundo, ellos son los que mueven las piezas del ajedrez.
El tan sonado Porsche atacado en San Miguel parece ser solo el inicio
de la madeja de un caso que incluye narcotráfico y lujos. El celular de Gerald Oropeza, el blanco del ataque,
fue recuperado tras el atentado y confirmó la vida de lujos que llevaba
el ahora prófugo de la justicia.
Tony Montana, Drácula, Caracol, entre otros nombres tan llamativos, alias
que colocan en un pedestal a quienes tienen el control de una sociedad, aquella
que horroriza.
Hace dos años aproximadamente, Gerald
Oropeza dejó de
ser solo el encargado de lavado de dinero para la organización dirigida desde
Panamá por Roger Javier Poémape Chávez,
y se asoció con Renzo Espinoza Brisolessi,
alias “Rencito” para convertirse en un miembro activo del envío de droga
a Europa y América del Norte. Gerald
Oropeza nunca fue
aprobado por los otros miembros del clan delictivo, todos chalacos, quienes esperaban
a que cometiera un error y sí que lo
cometió.
Paraguay, Brasil, Bolivia, Colombia y Perú conforman el mayor bloque de tráfico de drogas de todo el
mundo, con algo más de 30.000 personas involucradas y un movimiento ilegal de miles de
millones de euros al año.
El poder y alcance de la red es tal que llega a todos los
rincones del mundo, el narcotráfico se ha convertido en uno de los mercados globales más
atractivos que jamás ha existido. “Hasta que la muerte los separe”, es tanta la
adicción del individuo que la trafica, que no puede parar de hacerlo.
“A veces soy Dios, si
digo que un hombre muere un día, ese mismo día muere”- Pablo Escobar
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