Sí, está bien, fue el Día
de la Mujer, escuché y leí frases
sublimes, me gané de saludos a mujeres, que sólo de mujer tienen su órgano reproductor. Muchas
alardearon que deseaban sentirse homenajeadas por ser 8 de marzo. Por favor, ¿Qué
han hecho para ganarse ese título?, acaso ser mujer es solamente andar en
tacones, dar de lactar, sonreír y servir un plato de comida a una sarta de
rechonchos que aún no quieren independizarse.
Hace unos días
vi el estreno de una película peruana, titulada ATACADA, para ser
sincera, no tenía muchas expectativas, pero era el día de la mujer y querían
engreírme llevándome al cine, así que papito, vamos nomás. Sin embargo el
desenlace de la película me sumergió en la realidad que muchas mujeres peruanas
sufren, la violación sexual, de derechos y el poder del dinero que tapa
cualquier delito y en donde la justicia, sólo es un título escrito, un sueño
lejano, un espejismo, para quienes aún piensan que si no existe justicia en el
mundo, algún día Dios hará justicia divina. Lamentablemente eso nunca
presenciamos y la frustración se duplica.
Me quedé pensativa, con
sentimientos encontrados, ya que siempre ser mujer es símbolo de pureza y bondad, la que cuida y
ama su hogar o simplemente es la atacada, violentada, violada y humillada, para ser sincera y no
por querer recibir títulos de feminista, eso indigna, a cualquier persona
pensante, independiente de su género. Así a los pocos días, la película se
reflejó en la realidad Sanmartinense. Una mañana con olor a tierra mojada por
la lluvia, recibí el llamado de una mujer que se ha ganado con sudor y lágrimas
el respeto de todos, Miriam Pinchi, presidenta de Manos Unidas, quien me
presentó a una adolescente que fue ultrajada en sus tan solo 14 años de edad,
cuando acudía a su centro educativo en un caserío en Barranquita. El agresor,
fue nada más, ni nada menos, que su tío paterno, quedando embarazada y dando a
luz hace dos meses a una indefensa criatura, que tuvo que ser reconocida por
los abuelos, quienes no denunciaron el hecho, por no contar con medios
económicos, pues para el pensamiento rural, denunciar, implicaba abogado,
dinero, poder y que el agresor terminaría denunciándolos a ellos. Actualmente
el agresor está vivito y coleando, seguramente sigue violando y mientras tanto
la niña ahora mujer y madre a la fuerza, se queda frustrada, vulnerada,
violentada, con sueños rotos, sin el respaldo de nadie.
La violencia a la mujer, no
es un tema que sólo se ventila cuando se quiere sacar estadísticas en el día en
el que se conmemora la no violencia contra la mujer. Ésta es pan de cada día, el
desayuno, almuerzo y cena de muchos caseríos alejados de la ciudad, en donde es
más fácil quedarse callados por miedo, que a denunciar los delitos cometidos,
las mujeres muchas veces son violadas por el mismo agresor reiteradas veces.
Irónico, doloroso y lamentable tener que conocer esta realidad.
Me saco el sombrero por esa
mujer que lucha, que a pesar de ser violada y engendrar un niño que podría causarle
odio, sale adelante y lo ama como a ninguno, aquella mujer que no necesita
rogar a un hombre para se haga cargo por la paternidad de un hijo, aquella
mujer que a pesar de estar en una sociedad machista es independiente, trabaja,
crece. Siempre he dicho que no saluden por gusto. Ser mujer tiene otro
significado, que van más allá del género.
El
asunto es que el 08 de marzo fue el día de la mujer, pero no todas ni en
cantidades alcanzamos ese título según la historia. El significado de ser mujer
es muy profundo, porque somos portadoras del privilegio de engendrar vida, in
embargo más allá de eso, no todas por trayectoria calificamos en él. No basta
con pertenecer al género, sino el cómo te lo has ganado. Yo no saludo por gusto y menos a aquellas mujeres
que abandonan a sus hijos en la basura, maltratadoras, presas del vicio y el
ocio y cosas parecidas sólo por el hecho de ser mujer, saludo a las
mujeres con M y de M.
Sí,
usamos tacones, vestidos cortos, sastres
y ropa deportiva. Cocinamos, lavamos, planchamos y dirigimos una empresa.
Hacemos de madre, esposa, amiga y mujer. Mandamos a júpiter cuando un hombre
nos quiere menospreciar. Ya no aguantamos infidelidades, sólo por el miedo a
quedarnos solas con 3 hijos que mantener. Decidimos, opinamos, tenemos sexo y
decidimos sobre nuestro cuerpo. Ya no nos pueden señalar con el dedo, porque
inmediatamente podemos cortarles ese dedo con el cuchillo más filudo que
tengamos cerca.
Cuando
nos despertamos, hasta el diablo tiembla…
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