Las decisiones más trancas, son las
decisiones relacionadas a nuestra vida emocional, ahora, suelo ser más
razonable y consciente de lo que hice en el pasado, está bien, hago mea
culpa, fue divertido, además nadie me quita lo bailado. Pero la lógica y
la razón deberían imponerse, mis emociones siempre estuvieron
acostumbradas a estar atravesadas como palo de manzana de caramelo. Eso a
veces lo hace difícil, pesado, confuso y otras, nos hace meter la pata.
Aquí va un pequeño listado de las
razones para decir: “contigo siempre no, muchas gracias”. El principio
básico: si no funcionó la primera vez fue por algo. Si uno auto proclama
que justamente esa es la relación de su vida, también debería
preguntarse porque era tan bacán y porque terminó. Es la clásica lista
de los pros y los contras que hacemos para todo. Me conviene por esto/no
me conviene por lo otro. Suena simple pero muchas veces, no resulta
así.
1. Si te sacó la vuelta una vez, lo
volverá a hacer. Seamos realistas, no estamos en Enero del 68´, estamos
en el 2015. Las relaciones no vienen con garantía de amor, confianza,
integridad y honestidad. Esto se trabaja cada día por el otro y por uno
mismo. Recuerdo a una amiga que cometió el error de perdonar las 7,999
infidelidades de su novio de las que se enteró de un porrazo. Y por
supuesto, tuvo su merecido. Volvió con él y la dejó por la infidelidad
número 8 000.
2. La otra vez me escribió una lectora
contándome que saliendo de una discoteca su enamorado en plena pelea la
había insultado, ella lo había mandado al cuerno, es decir, había dado
por terminada la relación. Pero pocos días después volvió el perro
arrepentido, y ella ya estaba en la duda de si esto se repetiría o no.
La verdad, yo descartaría de mi lista toda relación que se terminó por
cualquiera motivo de maltrato: físico, verbal, emocional, etc. Es muy
difícil que una persona agresiva pueda cambiar y si lo hacen, es después
de un largo proceso. Y no olviden que así es justo como comienzan las
historias de maltrato.
3. Si te dejaron por otra, es posible
que retomar con ese pata es subirse en la ruedita del hámster. Ella, tú,
ella, tú y todas las vueltas hasta que ustedes dos (o tres) lo dejen.
Les aseguro por experiencia propia que este es el Titanic de la
autoestima, no hay mejor forma de irse al fondo del mar que pasar que
aceptar una relación en la que no tienes ni idea siquiera de si eres la
firme o la otra. Lo más bajo de lo bajo.
4. El que no te hace feliz. Este es un
caso común, quizás el más popular de todos. El peor es nada o la peor es
la nada. Se trata de las típicas relaciones donde no hay amor, más bien
costumbre, cierto cariño, sexo muy ocasional y con pocas ganas.
Está demás decir que esta relación no es
muy justa para ninguna de las dos partes, nadie merece ser, creo, el
segundón de la vida de nadie. Uno se termina aburriendo, para compañía
mejor comprarse un libro, un perro o salir con amigos y disfrutar de la
vida.
5. No nos llevábamos bien. ¿Y qué te
hace pensar que ahora sí? La otra vez fui a cenar por el cumpleaños de
una amiga y me tocó sentarme en el sitio en el que nadie quiere estar:
al lado de la pareja que no para de pelear. ¡Dios, sáquenme de acá! Me
quedé sin salsa de tamarindo para mi chifa, sin hielos para mi agua con
gas, hasta casi me quedo sin poder ir al baño por no poder interrumpir
el pleito interminable.
Ok, en todas las relaciones se discute,
es la única manera de resolver conflictos, problemas y llegar a
acuerdos, pero también creo que esas cosas tienen su momento y su lugar,
y si un bueno, no puede controlar querer mandar al cacho a alguien se
levanta y se va. Pero esta gente a la que únicamente parece unir la
pelea eterna, es una cosa que yo no entiendo. Y estadística mente estos
son los que con más velocidad están/vuelven/están/vuelven. Me canso
ahorita de solo pensar en estar con alguien para pelear.
Ya vieron la cantidad de motivos para decir, contigo siempre NO, muchas gracias.
Y sí, muchas gracias, por alejar a los lobos del camino, aunque de vez en cuando se escuchen silbidos y besos en la nariz.
Hay mil motivos, mil razones. Si me preguntan prefiero al que yo elijo, no al que quiera que lo vuelva a elegir…
Y por último, si les toca uno así, solo díganle, “que te aguante tu madre”….
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