AKRA

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lunes, 18 de agosto de 2014

Yo: Caóticamente hermosa, pero no imposible…

Siempre he pensado, por qué escribo en busca del hombre perfecto, si ése en realidad no existe, me han preguntado reiteradas veces cómo es el novio que busco. Yo también me lo he cuestionado innumerables veces y a la única conclusión a la que he llegado es que la repuesta es muy difícil. ¿Por qué? Porque después de algunas separaciones, muy aparte de las condiciones en las que se dio su final –una conversación sensata, una pelea con las subsiguientes secuelas o una verdadera pesadilla hecha realidad, de esas que te hacen jurar “por esta no paso otra vez ni muerta”–, estos trances me han dejado con la certidumbre de lo que no quiero, pero de una forma paradójica lejos de lo que quiero, o de lo que me gustaría.
Sería insulso y frío enumerar cuatro o cinco cualidades generales para perfilar a quien me quisiera tener al lado, y que de hecho considero vitales como la integridad, la honestidad, el valor, la fuerza; sin embargo, siempre he preferido los detalles, porque creo que son estos los que van creando a la persona imperfecta y maravillosa que se acerque a mi imaginario personal y a quién podría llamar novio.
Entonces, ante la imposibilidad de describir a alguien con mayor claridad, aquí va un pequeño acercamiento al que podría llamar una imagen idealizada, más que a un ser real, por el momento, a partir de mis propios deseos.
Me gustan las cosas simples. Como quedarme a ver una película que por causalidad en mis búsquedas en la internet me llamó la atención y terminé adorando todo el trama cinematográfico; adoro leer libros, si me lo dieron como detalle, aún mejor, lo leo en un instante; acompañar mi soledad con un buen café, un cigarrillo y hacerlo eso en pleno contacto con la naturaleza, es ideal.
Recuerdo claramente cuando vi “Comer, Rezar y Amar” comiendo hamburguesas con salchicha que había escondido en mi bolso antes de entrar a la sala del cine (antojos de los que sufro de vez en cuando). Pero nada podrá superar el día en una película que irónicamente no recuerdo el nombre, un novio y yo no pudimos soltarnos de la mano muchas horas después salido del cine; creo que tuvimos miedo de que la imposibilidad del amor de la que trataba el filme estuviera por ahí esperando por nosotros. Como la vida no es ficción, claro que llegó, meses más tarde.
Soy una persona de campo, me encanta poder escapar de la rutina, instalarme en una casita rústica, lejana, desconectada de todo y en contacto de tanta maravilla, es un tipo de catarsis que ayuda a volver a entender nuestro valor existencial. Me gustan las ciudades grandes, pero también me gustan los picnic, así sean en un restaurante abarrotado de gente o en rápida cena de dos, motos estacionadas, un vino, algo de queso y muchas risas en común, si lo acompañamos de besos mojados, mejor.
Me maravilla como una larga conversación puede alejar a las demás personas y a los pensamientos rutinarios, dejando sólo dos voces que dan paso la una a la otra. Me encanta escuchar y me encanta hablar, si estoy con tragos encima, me vuelvo la más parlanchina del mundo, y cuando oigo puedo darme cuenta de esa observación secreta de quien aún no conoce por completo al otro y sentir esas mismas miradas puestas en mí. Y cuando el espionaje mutuo se encuentra, ya no hay qué decir, sólo sentir una abrumadora coincidencia no de atracción física, si no de entendimiento.
Amo escribir, de preferencia cuando estoy en busca de encontrarme a mí misma , en esos momentos en los que mi alma quiere gritar y lo plasmo en unas breves líneas, que se tornan largas, me encanta poder escribir y compartir mis sucesos existenciales, amorosos y hasta sexuales, no es que sea la doctora corazón o la mismísima Alexandra Rampolla, aunque  en algún momento me pegué tanto con esta sexóloga, que deseaba estudiar esa ciencia del sexo jajajaja. Es decir, que una de las mejores maneras para poder ser feliz, es escribiendo, esa pasión es irremplazable.
Me gustan las personas racionales, con un trasfondo oculto de romanticismo, claro, si lo sacan a relucir de vez en cuando, también me gusta mucho que las personas sean un tanto sensibles, pues no siempre sólo se vive de racionalismo. Por lo mismo que soy una persona impaciente, sé que esa extraña mezcla de precisión de actitudes y pensamientos, y un apasionamiento nada convencional, crea esa química poco común entre dos personas diferentes que descubren en sus diferencias características comunes.
Viajar es un requisito casi indispensable. No necesariamente a ningún otro país, ciudad o distrito, sino a lugares nuevos que antes nunca hubiera imaginado que existiesen; espacios no materiales que se convierten en sitios nuevos, y quizás en recuerdos bonitos. Soy una persona curiosa (por curiosidad, no por considerarme a mi misma original o diferente), me gusta conocer en el sentido de aprender. La generosidad para enseñar es única. Hay personas egoístas a las que no les gusta ni siquiera presentar amigos o contarte de un libro increíble que leyó, algo que yo nunca entenderé. Esta generosidad a la que me refiero es más dulce cuando te das cuenta de que no se limita al interés que la persona pueda tener en ti, sino a los demás.
Y pasando a un plano superficial, me gustan las personas con la capacidad de recordar cosas como que me gusta tomar agua con gas helada y un vaso con hielo al lado, que mis colores favoritos son el morado en todos sus derivados,  aunque casi siempre me vista de negro, que la única cosa que no me gustan son las comidas extremadamente picantes, que diga siempre “no sé”, no porque no supiera, sino porque en momentos deseo que esa persona toma las decisiones y las riendas de mi y de mis deseos, prefiero ducharme en lugar de bañarme.
 Quiero que esa persona esté dispuesta a compartir charlas interminables y silencios cómodos, que un abrazo y un beso pueda reemplazar mi cara de enojada. Que a veces los celos que tengo son para escuchar que “soy la única mujer en su vida” “la única que le interesa” y “que soy tonta en pensar que otra podría reemplazar lo nuestro”. Es lindo que esa persona  sepa callar, hablar, besar y en el colmo de la exageración, de buena música, que su rostro irradie respeto, pero no en exageración, que aunque tenga una cara de sicario, sea el gato con botas con mirada de “yo no fui” en la versión de Shreck. Y si aún no es mucho pedir, que tenga una imaginación del tipo que pueda crear un microcosmos en el que no existan pretensiones falsas ni prejuicios y sí rezagos de ingenuidad.

Amo a la persona que comparta conmigo lo que le pasa a diario, que me llené de sus historias extraordinarias,  que podamos vivir juntos una aventura inolvidable a lo Jurassic Park, quién sabe, lo que vivamos juntos, luego, pueda seguir una historia para contar juntos a nuestros hijos. Alguien que con sólo escucharme, mirarme, pueda entender lo que mi alma pide y mi corazón exige, nunca le exigiré nada, pero si esperaré que pueda llegar a conocerme y entender, sin que yo tenga la necesidad de exteriorizar lo que en ese momento mi interior dice “demonios no entiendes”.


Por último, que tenga el atrevimiento del conejo que le dijo a la Alicia de Lewis Carroll, cuando ella preguntó:
-“¿A dónde vamos?”
-“¿Importa?”
-“No”
-“Vamos, entonces”

El encontrar es, a veces, más divertido en buena compañía. El camino a tomar, creo, se decide después.
¿Quieres seguir conmigo, de la mano en éste mi camino locamente incierto y caóticamente hermoso?


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