Sin
duda es una manera perfecta de conectarte con el ser amado, un beso, puede
venir en diferentes formas, variedades, intensidades y fines.
El
beso aparece como una instintiva forma de demostrar afecto y se da por primera
vez de la madre hacia su hijo, y también de la hija al padre, desde niña cuando daba besos a papá creía que ese contacto de amor era
querer a mi padre y al mismo tiempo chantajearlo para que me cumpliera mis
caprichos.
Numerosas
interpretaciones buscan el origen del beso en el impulso de succión del bebé,
las tendencias canibalísticas (el mordisco amoroso), o la costumbre de tribus
primitivas de olfatearse y olerse.
Se habla
también de que su origen se remonta hasta el hombre del Cromagnon, cuando la
mujer del Cromagnon alimentaban a sus crías masticando la comida hasta hacerla
puré que luego pasaba de su boca a la de su pequeño.
Remontándose
a lo largo de la historia, se describe el beso de codicia y traición en la
biblia, el primero se refiera a cuando Jacob besa a Isaac, su padre y le hace
creer que es Esaú, el primogénito; con la intención de quedarse con la bendición
de su padre y con la jefatura de la familia. El otro se refiere al que le da
Judas a Cristo en la mejilla, con éste entrega al Hijo del Hombre y se condena
para siempre.
El Kamasutra
por su parte describe tres clases de besos: el nominal, en el que los labios
apenas se tocan; el palpitante en el que se mueve el labio inferior, pero no el
superior; y el beso de tocamiento, en el que participan labios y lengua.
El beso suele tener implicaciones sexuales, románticas,
eróticas o afectivas que permiten la conexión entre la persona y el objeto de
placer.
Acá
una breve recopilación placentera del beso y de los sentimientos que implica,
haber si uno de ellos nos apetece practicarlo hoy mismo:
1. El beso de despedida
Besar
con esa absoluta desesperación y sensación de pérdida. Besar como queriendo
detener el tiempo y paralizarlo todo. Besar sabiendo que todo eso ya no será
parte de ti una vez que acabes, besar sabiendo que sólo podrás besarlo de nuevo
entre sueños y en recuerdos, que eso te oprima el corazón y a la vez te dé el
empujón que necesitas para seguir adelante. Séllarlo todo con un beso porque no
hay mejor manera de decir adiós.
2. El beso que demoró en llegar
Amamos
la expectativa, la adrenalina de no estar seguros cómo, ni cuándo, pero tener
la certeza de que sucederá. Porque lo sabes al mirarlo, porque te sientes
acompañar sus labios cuando habla, seguirle de cerca cada movimiento como si
los hiciera sobre tu boca, porque cada vez que se tocan la electricidad los
quema un poco, los pone alerta y los carga de ansiedad. Ten ese beso que
parecía venir anunciándose hace ya demasiado pero que disfrutaste esperándolo,
cociéndolo a fuego lento, repasándolo en tu cabeza como si ya lo adivinarás.
Siente ese alivio inicial de que esté ahí, de que por fin haya llegado. Salta y
déjate caer.
3. El beso de “te deseo”
Crudo,
visceral, combustionado, es un beso que se da con el cuerpo, con los instintos
agudizados y la cabeza suspendida. No hay lógica, no hay mejor razón que la
manera en cómo se te acelera el pulso al tenerlo cerca. Es un beso que nunca
pide permiso, que siempre es agresivo, directo, frontal. Manos apretándote,
espalda contra la pared, ese que parece no dejarte escapatoria ni
argumentación. El beso que te devora, que muerde, que toma; que te hace sentir
sexy, loca, atrevida, y te deja siempre con ganas de un poco más.
4. El beso de reconciliación
Algo
los separó, algo que en su momento se sintió enorme, intransable y forzó una
distancia y un tiempo aparte. Algo quedó a su vez en el aire, algo que te
perseguiría como una voz silenciosa y persistente que te mantendría lejos pero
nunca lo suficiente como para no poder regresar. Y así un día cualquiera la
vida les da un encuentro, y al cruzar miradas sabes que todo aquello que tan
meticulosamente encerraste adentro tuyo, empieza a desbocarse. Lo tienes al
frente, se acerca, te abraza, lo rechazas, le pides que te suelte, te dice que
no quiere hacerlo, te sientes derretir de nuevo, sus ojos te confirman cuanto
te ha extrañado y tú ya no tienes fuerzas para seguir alejándolo, ni razones
para hacerlo. Ese beso en el que se perdona y se empieza de nuevo.
5. El beso de “Te amo”
Todo
parece juntarse y reunirse ahí, en ese momento, en ese espacio entre tu boca y
la de él, que va juntándose hasta desaparecer. Esa sensación de que ya no hay
nada que esconder, nada que guardar. Un beso en el que sientes que por fin
estás en casa, que siendo este mundo tan grande, tan absurdo, tan impredecible,
están los dos ahí, queriéndose como si no hubiera nada más. Ese beso que viene
a sanar, a devolverte esa parte tuya que parecías haber malgastado. Ese beso
que dice “por fin, te encontré”.
¿Y tú
ya sabes qué tipo de besos das?
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