AKRA

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lunes, 18 de agosto de 2014

Y tú ¿por qué besas?

Sin duda es una manera perfecta de conectarte con el ser amado, un beso, puede venir en diferentes formas, variedades, intensidades y fines.
El beso aparece como una instintiva forma de demostrar afecto y se da por primera vez de la madre hacia su hijo, y también de la hija al padre, desde niña cuando daba besos a papá creía que ese contacto de amor era querer a mi padre y al mismo tiempo chantajearlo para que me cumpliera mis caprichos.
Numerosas interpretaciones buscan el origen del beso en el impulso de succión del bebé, las tendencias canibalísticas (el mordisco amoroso), o la costumbre de tribus primitivas de olfatearse y olerse.

Se habla también de que su origen se remonta hasta el hombre del Cromagnon, cuando la mujer del Cromagnon alimentaban a sus crías masticando la comida hasta hacerla puré que luego pasaba de su boca a la de su pequeño.

Remontándose a lo largo de la historia, se describe el beso de codicia y traición en la biblia, el primero se refiera a cuando Jacob besa a Isaac, su padre y le hace creer que es Esaú, el primogénito; con la intención de quedarse con la bendición de su padre y con la jefatura de la familia. El otro se refiere al que le da Judas a Cristo en la mejilla, con éste entrega al Hijo del Hombre y se condena para siempre.

El Kamasutra por su parte describe tres clases de besos: el nominal, en el que los labios apenas se tocan; el palpitante en el que se mueve el labio inferior, pero no el superior; y el beso de tocamiento, en el que participan labios y lengua.

El beso suele tener implicaciones sexuales, románticas, eróticas o afectivas que permiten la conexión entre la persona y el objeto de placer. 

Acá una breve recopilación placentera del beso y de los sentimientos que implica, haber si uno de ellos nos apetece practicarlo hoy mismo:
1. El beso de despedida
Besar con esa absoluta desesperación y sensación de pérdida. Besar como queriendo detener el tiempo y paralizarlo todo. Besar sabiendo que todo eso ya no será parte de ti una vez que acabes, besar sabiendo que sólo podrás besarlo de nuevo entre sueños y en recuerdos, que eso te oprima el corazón y a la vez te dé el empujón que necesitas para seguir adelante. Séllarlo todo con un beso porque no hay mejor manera de decir adiós.

2.  El beso que demoró en llegar
Amamos la expectativa, la adrenalina de no estar seguros cómo, ni cuándo, pero tener la certeza de que sucederá. Porque lo sabes al mirarlo, porque te sientes acompañar sus labios cuando habla, seguirle de cerca cada movimiento como si los hiciera sobre tu boca, porque cada vez que se tocan la electricidad los quema un poco, los pone alerta y los carga de ansiedad. Ten ese beso que parecía venir anunciándose hace ya demasiado pero que disfrutaste esperándolo, cociéndolo a fuego lento, repasándolo en tu cabeza como si ya lo adivinarás. Siente ese alivio inicial de que esté ahí, de que por fin haya llegado. Salta y déjate caer.
3.  El beso de “te deseo”
Crudo, visceral, combustionado, es un beso que se da con el cuerpo, con los instintos agudizados y la cabeza suspendida. No hay lógica, no hay mejor razón que la manera en cómo se te acelera el pulso al tenerlo cerca. Es un beso que nunca pide permiso, que siempre es agresivo, directo, frontal. Manos apretándote, espalda contra la pared, ese que parece no dejarte escapatoria ni argumentación. El beso que te devora, que muerde, que toma; que te hace sentir sexy, loca, atrevida, y te deja siempre con ganas de un poco más.
4. El beso de reconciliación
Algo los separó, algo que en su momento se sintió enorme, intransable y forzó una distancia y un tiempo aparte. Algo quedó a su vez en el aire, algo que te perseguiría como una voz silenciosa y persistente que te mantendría lejos pero nunca lo suficiente como para no poder regresar. Y así un día cualquiera la vida les da un encuentro, y al cruzar miradas sabes que todo aquello que tan meticulosamente encerraste adentro tuyo, empieza a desbocarse. Lo tienes al frente, se acerca, te abraza, lo rechazas, le pides que te suelte, te dice que no quiere hacerlo, te sientes derretir de nuevo, sus ojos te confirman cuanto te ha extrañado y tú ya no tienes fuerzas para seguir alejándolo, ni razones para hacerlo. Ese beso en el que se perdona y se empieza de nuevo.
5. El beso de “Te amo”
Todo parece juntarse y reunirse ahí, en ese momento, en ese espacio entre tu boca y la de él, que va juntándose hasta desaparecer. Esa sensación de que ya no hay nada que esconder, nada que guardar. Un beso en el que sientes que por fin estás en casa, que siendo este mundo tan grande, tan absurdo, tan impredecible, están los dos ahí, queriéndose como si no hubiera nada más. Ese beso que viene a sanar, a devolverte esa parte tuya que parecías haber malgastado. Ese beso que dice “por fin, te encontré”.
¿Y tú ya sabes qué tipo de besos das?


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