Hace un par de años estaba en clase de historia y mientras mi
profesor quería hacernos vivir lo que se siente volver con pasión al
pasado de nuestro pueblo e intentaba encender la chispa de curiosidad e interés
en sus alumnos, que callados, en medio de bostezos o un gesto vacío, apenas le
escuchaban, pero al igual que Joseph, mi compañero francés, tenía fe que tarde
o temprano preguntarían el “porqué”, el “cómo”, el “cuándo” y se darían cuenta
que es importante saber, pero aún más importante, es desear aprender todavía más.
Nunca pensé que para amar mi país y su historia tendría que
haber hecho amistad con Joseph, quien me
hizo reflexionar sobre el amor a la patria que hasta ese entonces para mí sólo
era bonito por su comida, su gente, su cultura, y ahí quedaba, sin embargo él
me enseñó a percibirla, a tratarla con cariño y a hacer crítica sobre ella a la
vez, para mejorar, claro está.
Estamos próximos a celebrar una
fecha más de la independencia de nuestro Perú, han pasado muchos años, más de doscientos años desde que surgieron
los primeros movimientos independentistas en Hispanoamérica. Un
28 de julio de 1821, cuando el general San Martín proclamó la independencia en
la Plaza de Armas de la ciudad de Lima, frente a un público de más de 16.000
personas, recibió la bandera del Marqués de Montemira y exclamó las célebres e
inmortales palabras:
"El Perú desde este momento es libre e independiente por
la voluntad general de los pueblos y por la justicia de su causa que Dios
defiende”.
¡Viva la patria! ¡Viva la libertad!
¡Viva la independencia!"
El impacto que genera la frase “independencia nacional”
podría llevarnos equívocamente a pensar en un final de película, para una época
en la que habiendo luchado contra el poder opresor de España, lográbamos
dejarlo a un lado, e iniciar inmediatamente una nueva etapa donde todo fuera,
por lo menos, diferente a aquello a lo que habíamos estado acostumbrados. Sin
embargo, analizando serenamente el acontecimiento de la proclamación, vemos que
tuvo más bien en palabras de Flores Galindo “un efecto simbólico” más que
práctico, visible, perceptible y duradero para los peruanos.
La independencia significó la
ruptura del vínculo jurídico con el Rey de España, pero implica muchos
significados más; para el doctor José Agustín de la Puente y Candamo: Es la
afirmación del hombre que ha nacido en nuestro territorio y de su derecho al
gobierno de lo propio. Es la reacción contra el mal funcionario, contra la
norma injusta, contra el impuesto excesivo, contra el abuso de poder; es una
manifestación más del espíritu crítico en la vida intelectual, social,
política; es la oposición al sometimiento económico en función del interés de
la Metrópoli; es una manifestación de algo cercano a la madurez de esa comunidad
que llamamos Perú; es el enaltecimiento de las calidades del mundo americano;
es el anuncio del fin de la esclavitud del negro; es una muestra más del
angustioso entretejido entre las ideas del siglo XVIII y la pervivencia de la
formación escolástica.
El tema de ser libres e
independientes como pueblo fue un gran paso y un regalo para reestructurar
nuestro país, que ya en ese entonces no era puro en su raza mestiza, tras el
sometimiento de las indias, es que el Perú se volvió un país de todas las
sangres y todas las razas.
La libertad en toda su extensión
nos ha permitido levantarnos como país, nos independizó un José de San Martín,
que no era peruano y hasta hoy seguimos en cierta forma dependiendo de culturas
ajenas, chilenos, gringos y japoneses nos dan trabajo en nuestro país y nos dan
de comer.
¿Hasta qué punto “la libertad y la
independencia” es una voluntad que Dios quiso para nosotros?, crecimos sí, ya
no hay esclavitud como antes, pero sí hay una esclavitud laboral, una
explotación de jornadas de trabajo ¿por quién? por ellos, los jefes
extranjeros, que se llevan nuestra materia prima a precios regalados para que
después vuelva en productos con un costo alterado para llenarse los bolsillos,
mientras que el pueblo se muere de hambre. Pues sí, somos un mendigo
sentado en un banco de oro, aún no
despertamos a la realidad, aún no hacemos nada para cambiar la dirección de
nuestras vidas, seguimos siendo esclavos del consumismo exterior, pareciera
como si viviéramos dormidos, no nos damos cuenta de la riqueza, debemos despertar ya y sentirnos libres y ahí sí
podríamos decir: “Desde este momento el Perú es libre, independiente y capaz de
trabajar con su propia riqueza, por la voluntad general de los pueblos y por la
justicia de su causa que Dios defiende.
“La población completa del Perú tiene
que sentir la fortuna maravillosa de haber nacido en un país tan maravilloso”
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