Cada detalle lo volvía más
misterioso , parecía una cueva, unos ángeles blancos y desnudos adornaban la
entrada desviando mi mirada, mientras un joven muy apuesto me tocaba el hombro
ofreciendo sus servicios para sentirme más cómoda y sin respuesta alguna me iba
sacando la casaca.
Todo estaba oscuro, solo las
luces sicodélicas alumbraban el hasta aún misterioso lugar, miraba por todos
lados, sentía que no encajaba, había poca gente, me senté y una silueta de un
hombre se iba aclarando conforme se me acercaba, estaba sin polo y con un boxer
que no dejaba nada a la imaginación de su escultural cuerpo, el hombre
semidesnudo nos ofreció las respectivas bebidas de la noche para que de una vez
empiece la diversión.
Un beso apasionado de una pareja homosexual fue chocante, giré para ver si alguien más se alarmaba mientras la pareja terminaba el beso con una tierna y leve caricia en el rostro, pero al parecer a nadie más que a mí parecía importarle, eso formaba parte del lugar.
De pronto un hombre que intentaba ser mujer salió a bailar, sus movimientos eran más sofisticados, con él poco a poco la gente iba llenando la pista de baile.
Un beso apasionado de una pareja homosexual fue chocante, giré para ver si alguien más se alarmaba mientras la pareja terminaba el beso con una tierna y leve caricia en el rostro, pero al parecer a nadie más que a mí parecía importarle, eso formaba parte del lugar.
De pronto un hombre que intentaba ser mujer salió a bailar, sus movimientos eran más sofisticados, con él poco a poco la gente iba llenando la pista de baile.
Ya era
casi imposible reconocer todas las caras, entre todos un rostro resaltaba más,
se me acercó y efusivamente me dio un abrazo y reconocí a “Froy” una persona a
la que conocí con un temperamento tranquilo, tímido, hasta incluso parco, pero
fue sorprendente ver el cambio que éste tenía dentro de la discoteca, sus
movimientos afeminados y locos volvían borrosos hasta desaparecer al Froy que
había conocido.
Y es que muchos de los jóvenes se liberaban y desataban sus sentimientos reprimidos del día a día, y esa noche quedaban guardados bajo llaves.
El alcohol ya iba haciendo efecto, la música zumbaba en mi oído, así que empecé a bailar, me sentí como aquellos homosexuales liberados, desinhibida y el miedo de ser censurada por acudir a esa discoteca poco parecía ya importarme, porque así como yo habían otras parejas heterosexuales al costado, delante y detrás mío y que las hormonas no les jugaba un mal rato, sino al contrario un buen rato.
Visualicé
homosexuales que irradiaban una visible alegría en su rostro, el ambiente con
el paso de las horas se volvía excitante y me imaginaba el latido de los corazones
de los homosexuales que estaban en pleno clímax y que contaban los minutos que
les quedaba porque la noche estaba por acabar.
Una
quemadura de un cigarro en mi brazo me hizo voltear y en ese instante se abría
el show, eran aproximadamente las tres de la mañana, un travesti bailaba en el
escenario, me quedé con la mirada fija en él, porque por la vestimenta,
accesorios, anatomía y el maquillaje, sólo le faltaba una operación de cambio
de sexo para ser completamente una mujer.
Dos
travestis más salieron formando ya un elenco y el público efusivamente los
aplaudían mientras el telón se cerraba.
De la luz del día a la oscuridad de la noche y el refugio en el “Punto G” ya estaba por terminar, la noche se despedía y los homosexuales que dejaron su máscara guardada porque querían sentirse libres tendrían que volver a su fingida realidad.
Pues era la oscuridad del “Punto
G” hacia que los sentidos se animalicen, pues en las noches de los fines de
semana el miedo constante que viven se esfumaba y ya no eran el blanco de la
censura y el rechazo de la sociedad.
Todos estos recientes días
estamos siendo presos mediáticamente por el
tan controversial proyecto de “Unión Civil”, aquel que hizo que Bruce se
deschave frente a todos los peruanos, que está generando personas que están a
favor, quienes están en contra y está alimentando la homofobia. Me abstengo a
dar una crítica exacta sobre mi posición, pues se tiene que respetar los
patrones de una familia como tal, teniendo en cuenta que el ser homosexual no
se da solamente al nacer, sino que se forma en cierta edad en algunos casos, en
este punto algunas personas han dado su opinión sobre la distorsión de patrones
familiares que pueden influenciar en la definición del sexo.
Lo que puedo decir es que en mi
experiencia con los homosexuales es totalmente agradable, he conocido “El punto
G”, discoteca de ambiente, tengo
familiares y amigos homosexuales que me han ayudado a levantarme de momentos
difíciles y de los que rescato su lealtad no sólo ayer, ni hoy, sino de siempre.
Entonces, la homosexualidad no es
una enfermedad, no se contagia, no debe causar discriminación en la sociedad,
lo que sí es cierto que Dios perdona el pecado, pero no el escándalo y mientras
todos vivamos nuestra opción sexual de manera feliz, ya sea homosexual,
heterosexual o bisexual, adelante, lo importante es ser feliz.
El espíritu no tiene sexo y en consecuencia, la
inteligencia tampoco…
Es verdad !!!!
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