Momentos como éste en el que el
clima selvático es totalmente incierto y loco, me queda el tiempo de poder
tomar una taza de café, justo como a mí me gusta, en el momento exacto, en el
punto exacto, la dosis exacta, como si fuera una pócima de amor.
Siempre he pensado que el café debe ser caliente como el
infierno, negro como el diablo, puro como el ángel y amargo como la vida misma,
al principio cuesta tomar un café totalmente negro y amargo, pero no tardas
mucho a encontrarle el gusto a esa amargura, y es que cuando se aprende a
querer y a convivir con lo amargo, se cierran los círculos circunstanciales y
se saborea la vida.
El amargo es uno de los 4 sabores
de la lengua, quizás el menos explotado. Existen diferentes
compuestos químicos que proporcionan el sabor amargo. La lengua humana es muy
sofisticada en la detección de sustancias amargas. Se es capaz de distinguir
diferentes tipos de amargura, esto es quizás un instinto de supervivencia , ya que la
mayoría de los venenos posee este sabor.
Si la lengua es sofisticada
y experta en distinguir los tipos de amargura, ¿por qué el corazón no es capaz
de querer esa amargura?
Nuestra vida es el claro
reflejo de lo que sentimos y el sabor que ese suceso tiene. ¿Qué sucede cuando
estás como mariposa volando de un lado al otro, encerrada en un globo de amor,
irradiando felicidad?, pues sí, en ese momento que te pico el bichito y te das
cuenta que estás enamorada y eres correspondida, es en ese momento que estás
sintiendo el sabor del “dulce”, un poco empalagoso, pero al final de cuentas,
es el dulce y lo disfrutas, aunque luego te dé un coma diabético.
Otra situación es cuando has
tenido un pésimo día, tu jefe amaneció con el peor estado de ánimo y te lo ha
hecho pagar a ti, no sólo se te pincho la llanta del carro o de la moto, se te
quemó la ropa al planchar, no tomaste desayuno, llegaste tarde por el tráfico,
perdiste 100 soles y a tu pareja no le viene su mes ¿Salado?, si no es lo que
buscas, estás totalmente “salado”, un poco de agua no vendría nada mal.
Recuerdan en algún episodio de su vida haber conocido
a una persona totalmente “ácida” , quiere agradar, se esmera por caer bien,
agrega chistes de los cuales no recibe ninguna respuesta, es esa persona a la
que a todas llama princesa, reina, belleza, hermosura, a la que por mil y un
cosas en 15 minutos quiere ser tu mejor amigo, sin duda he conocido a muchos y
muchas de este tipo de sabor, que a las finales se retiraban con su cara de
haber chupado limón, totalmente ácidos, seguimos….
Ser una amargada para mí no
era un insulto, empecé por quitarle el azúcar a las infusiones, a teñir más de
negro al café y restarle el azúcar, cuanto más amargo mejor.
En circunstancias
emocionales, puedo decir que buscaba no tener esa dulzura y reemplazarla por lo
amargo, no sólo era la infidelidad, el estúpido amigo cariñoso o el idealista
cuadriculado lo que me hacía dejar de lado la dulzura, sino era el aprendizaje
que me dejaron esas experiencias caóticamente hermosas.
¡Lo admito! en mis
relaciones amorosas, varias de ellas las asumo como mi gran culpa, siempre he
soñado con lo perfecto, hace poco sufrí de un asalto amoroso, él era el chico
ideal, perfecto, correcto, cariñoso, quema sangre, que de las pocas veces que
nos veíamos todas peleábamos pero siempre nos reconciliábamos, pero había algo
totalmente perturbador, la distancia, si, lo sé, no funcionan las relaciones
así, sin embargo aposté por él, esté hijo del demonio respondió positivamente a
este tira y afloja, incrementó las dosis de ilusión y todo iba bien, hasta que
en días en los que los hombres tienen derrame cerebral se le ocurrió pensarlo
bien y decidir que eso no iba, irónicamente después de más de 3 años de haber
abierto mi corazón a su vida, decidió, que no va. Sí, así funcionó para él, así
que afloró lo amargo, ya no dolía, ya era una experiencia, una lección, sólo
que ahora el hígado estaba jodido y la gastritis afloraba cada vez que agregaba
dosis cargadas de café.
No me preocupa los
desamores, porque son pan de cada día, aunque las ilusiones de aquel príncipe
azul con pinta de gay no existe, sé que habrá un Shreck por ahí en busca de un
amor imperfecto, ese que sí le puedo entregar.
La vida y los sabores son
así, para que podamos disfrutarlo debemos aprender a percibir los 4 sabores:
amargo, ácido, dulce y salado. Siempre nos inculcaron a lidiar con lo bueno y
que lo malo es perjudicial, y yo opino todo lo contrario, pues cuando aprendes
a lidiar con lo malo, disfrutas más lo bueno. Y hasta el sexo más bueno, es
aquel que piensas que está mal….
Dale amargo a la vida, que también
hay que aprender a apreciar eso, sólo teniendo lo amargo, ácido, dulce y
salado, SE VIVE….
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