AKRA

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domingo, 6 de julio de 2014

Maestra sin experiencia

Estaba ligeramente nerviosa, llegué media hora tarde, así que estaba ahí, sola en un salón totalmente vacío, tenía muchas expectativas de las personas que llegarían en unos minutos, suponía que todos serían de 18 a 25 años máximo, sin mucho temor, preparé mi material para esperarlos listos.

A las 8.00 pm de un viernes del 2013 empezó a llenarse el aula, uno a uno conforme  ingresaban y me saludaban amablemente, esto ocasionaba  explosión instantánea en mí, no eran jóvenes inexpertos, no tenían ni 18 ni 25 años, shock emocional se instauró en mi, aceleró precipitadamente los latidos de mi corazón, congeló mi cuerpo y neutralizó mi cerebro, sin embargo yo estaba allí frente a la clase, frente a 12 alumnos, que en su mayoría los conocía, sabía quiénes eran, tenían mucha experiencia periodística y eso me traumaba.

Tras el colapso emocional que sufrí en menos de 10 minutos y con las inmensas ganas de decir “ya regreso chicos”, correr y desaparecer, inhalé y exhalé, no sé si los nervios fueron notorios en mi rostro, pero lo que todos compartían con sorpresa es que la maestra en clase era una jovencita que a pesar de tener 24 años, aparentaba menos edad, aunque vistiera sastre y maquillaba su edad para pretender oler a experiencia indiscutible, ahí estaban ellos mostrándome rostros de sorpresa, algunos encandilados, otros con preguntas, pero todos con el interés de saber quién era esa jovencita morena con el lunar en la cara que amenazaba con estar dirigiendo las clases todos los fines de semana.

Mis estimados alumnos en ese momento, eran personas, bueno, son personas, porque todas están vivitas y coleando, de basta experiencia laboral, personas de 30 a 50  años aproximadamente, que sabían mucho y no sabían a la vez, que tenían un mundo de experiencias aprendidas que revoloteaban en sus cabezas, pero que al mismo tiempo ignoraban muchas cosas de las comunicaciones, cosas que estaría dispuesta a compartirlas y sumergirlos en el mundo tan maravilloso que sólo conoce quien estudia Ciencias de la Comunicación.

El cansancio en sus rostros cada viernes por las noches que se extendían hasta los domingos por las mañanas, era un suplicio, porque ese cansancio lo compartíamos ambos, en el fondo de mi corazón de maestra que iba creciendo en mi lograba entenderlos, así que intenté  querer ser diferente a lo que ellos tenían como maestros, intentaba ser la maestra que en la universidad interactuaba y buscaba diferentes maneras no tradicionales para que el aprendizaje no sea aburrido, y así fue que las noches se tornaron agradables, estudiaban, aprendían y se relajaban, esto es un paso importante en la vida de una persona que está frente a clase transmitiendo aprendizaje.

Mis comunicadores, como así los llamo, me enseñaron muchísimo, parte de ese aprendizaje es el conocer de su mundo periodístico, conocí sus caracteres, su forma de ser, aprendí a entender que cuando la clase se tornaba un mercado o un callejón del callao por los gritos, era porque era hora de cambiar algo. Con ellos nunca había unanimidad en las decisiones, 1 o 2 tercos siempre complicaban la situación y eso lo tornaba aún más hermoso todo, cada día, cada clase era un capítulo más de la telenovela que se vivía en la universidad.

Pasaron los meses y meses, ya no sólo éramos alumnos y docente,  ahora éramos, alumnos, docente y amiga, la consideración, estima, cariño y aprecio, era lo que me daba el impulso de dejar huella, de lograr algo más en ellos, iniciativa y ganas por ejemplo. Poco a poco fueron entendiendo que algunas cosas que hacía lo hacía por ellos y por ver que mis comunicadores siempre estén en acción.

Así la maestra sin experiencia paso casi 1 año y medio viviendo esta gran aventura, que fue interrumpida para que la magia no se perdiera, es como cuando se decide tener una relación prohibida, cuando ésta deja de ser prohibida la emoción se pierde. Así fue Karina Roncal y Comunicadores en Acción ya no comparten aulas de clase, pero ahora comparten algo más hermoso “la vida misma”, el día a día, amistades, amores, consejos, deseos, trabajo, apoyo y sueños.

Aquí estoy, esa maestra sin experiencia, recogió mucha más experiencia que nunca en su vida pensó recibir, desde aquel viernes por la noche, momento en el cual decidió aventurarse  y subirse a la montaña rusa para gritar, vivir y experimentar, desde esa noche todo se volvió un reto, un desafío para decir “yo sí puedo”, después de tanto tiempo y haciendo flas back de todo esto, pues en  definitiva, SÍ PUDE, eso y más. Mi corta edad nunca fue un limitante para demostrar que puedo hacer las cosas, nadie nace con experiencia, la experiencia la vamos aprendiendo, asumiendo y retocando con el tiempo y con la vida misma.

Ahora puedo decir que ser maestra fue una puerta que se abrió para conocer el cielo mismo, la felicidad completa, la cual me enseño a ser la mujer que hoy por hoy soy, decidida, arriesgada, emprendedora, luchadora, valiente, con muchos miedos aún, pero miedos que me dan el impulso para nunca decir que no, pues sólo tu corazón sabe hasta dónde se puede llegar y te guiará para poder hacerlo.


“Hay dos tipos de educación, la que te enseña a ganarte la vida y la que te enseña a vivir” ENSEÑAR ES APRENDER DOS VECES 

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