Fui niña y esa inocencia la perdí hace mucho
tiempo. Aprendí que la malicia puede ser mejor compañía. He vivido sola desde
los 16 años y en alguna época de mi vida he madrugado en fiestas interminables,
he bailado, me he reído con personas que conocía y otras a las que recién me
presentaban esa noche. Por mi delante he visto pasar drogas, he conocido
universitarias que se prostituían para pagar sus estudios o por simple gusto; algunas
de mis compañeras se gastaban el dinero de su mensualidad en juergas y nunca terminaron
la universidad. Esta es la realidad que muchos jóvenes viven, por eso: “Que
lance la primera piedra quien esté libre de pecado”.
"Alessandra es la niña que fuimos. Es la niña migrante,
a la que nadie despierta con desayuno o le da las buenas noches. Es la niña
valiente que toma decisiones importantes, porque tiene que tomar decisiones. Es
la niña que vive en una ciudad extraña, porque en su tierra no está lo que busca y porque tiene grandes aspiraciones.
Alessandra es la niña que extraña a su mamá, que a veces tiene miedo, que a
veces se siente sola, que a veces va a fiestas. También es la niña a la que
critican, a la que llaman libertina, a la que llaman agrandada. No la conocen,
ni a ella ni a sus miedos ni a sus sueños, pero igual hablan. La niña que
fuimos está muerta".
Hace unos días leí esta publicación en el
facebook de una periodista de El Comercio, Natalia Molina. Me llamó la
atención, porque me hizo retroceder 13
años de mi vida, cuando aún era una niña tímida, provinciana en una ciudad
nueva, con miedos, con muchos miedos, que tuve que derrotarlos sola. Yo fui una
niña como Alessandra Chocano y estoy viva, ella, no.
¿Agrandada? ¿Juerguera? ¿Aventada? ¿Descuidada?
¿Promiscua? Escucho tantas estupideces desde que murió la voleibolista y todo
mi cuerpo se estremece, hasta poner mi “piel de gallina”. Los medios de comunicación
han generado un circo con supuestos de abortos, drogas, infidelidades, muchas historias
inventadas para llamar la atención de los que ignorantemente observamos,
juzgamos y sentenciamos.
Alessandra murió, pero si eso no hubiese sucedido,
la sociedad doble moral la hubiese
matado, porque es fácil señalar con el dedo a una mujer, que pedir que asuma
responsabilidades un futbolista que pudo auxiliar a una niña agonizando. ¿Qué
pasó? Todos nos hacemos la misma pregunta.
Muchas mujeres han alzado
su voz de repudio a la “niña agrandada”, porque simplemente ella “buscó su
muerte”, como si juerguearte hasta madrugar puede ser justificación para que
puedan hacerte daño. Nadie sabe a ciencia cierta qué fue lo que sucedió, pero sin
embargo ponen adjetivos y recriminan a una voleibolista, que ya no está.
¿Los padres tienen la culpa?
No existe manual que enseña a ser padre o madre, sin embargo ellos educan y
orientan a los hijos desde pequeños, anhelan verlos cumpliendo sus sueños,
rezan a diario para que Dios los proteja y hacen de todo para protegerlos. Ellos
no son culpables de las decisiones que los hijos asumen. Cuántas veces tú, yo o varios más, hemos
tenido fiestas en departamentos y eso no dependió de nuestros padres, porque
ellos creían que dormíamos o simplemente porque confiaban en nosotros. ¿Eso
está mal? ¿Todos somos perfectos? ¿Nadie comete excesos en su vida?
Ningún pastor asegura que su
rebaño está a salvo, lamentablemente
vivimos en una sociedad violenta, en esa misma sociedad que mata.
“No escupas al cielo, que
puede caer en tu cara”, repetía mi abuelita cuando alguien le juzgaba y ahora
que ella no está, le doy toda la razón. Esa persona a la que juzgas por haber
estado a las 5 de la mañana en un departamento con otras 9 personas más, pudo
haber sido tu hija, tu hermana, tu sobrina, tu amiga o pudiste haber sido tú.
Hoy, ya no se disfruta del
amor ni de la vida. La poesía ha sido reemplazada por violencia y los sueños
por ataúdes. Por eso, solo quiero recordar la niña que una vez fui, esa niña
que ya murió y que no regresará….
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