¿Eres una persona exitosa?
¿Eres inteligente? ¿Tienes dinero? ¿Realizas bien tu trabajo? ¿Les gustas a los
demás? Cuánta energía perdemos al preocuparnos por lo que otros
piensan.
A
diario nos topamos con personas que lo único que hacen es criticar al resto,
haciéndonos vivir en un hoyo lleno de negatividad, al principio todo es
simpático porque crees que esa persona es tan divertida y que hasta es mejor
que el resto, pero con el tiempo te das cuenta que ese comportamiento es negativo y termina por
envenenar no sólo una manzana sino todas las que el mercado ofrece.
Las
palabras y las actitudes de un criticón nos desgastan de tal manera que dejan
nuestra mente devastada. La felicidad no es algo
que se ofrezca, como se ofrece un abrazo o se recibe un regalo por cumpleaños,
no, la felicidad es más que eso. Sin embargo vivimos en una sociedad en el que
la crítica o el conocido “raje”, es pan de cada día.
Nos “rajan” en la universidad. Nos “rajan”
en el trabajo. Nos “rajan” en la familia. Nos “rajan” en todos lados. Este tipo
de personas se reproducen logrando insertar cizaña en otros y gozan de las
caídas, del dolor del resto. Si logras ver dibujado en su rostro una sonrisa,
es porque en definitiva han hecho alguna maldad.
A todos nos han
inculcado que debemos hacer feliz al resto, que eso es un equilibrio para tener
una vida placentera, incluso en el sexo, cuánto más feliz haces a tu pareja y
lo dejas satisfecho, eres una buena mujer. Y la vida no se ejecuta así, la vida
es una satisfacción mutua, un placer en el que goza el que da y el que recibe.
No es posible
hacer feliz a todo el mundo, basta con mostrar respeto. Lo que otras
personas puedan decir de ti es el pensamiento que ellos tienen de ti, no es una
realidad verdadera. Las personas pueden saber tu nombre, tu casa, tus amigos,
pero no conocen tu historia, lo que tu piel ha sentido, lo que tus manos han
tocado, lo que tus pies han caminado, lo que tus labios han dicho. Lo único lo
que el resto sabe de ti es lo que se puede contar, escribir en redes sociales o
lo que se pueden imaginar, pero no conocen tus ángeles ni tus demonios.
“La gente
feliz no habla mal del resto”, la gente feliz hace el amor y no la guerra.
¿Feliz con todos? Feliz con él. Feliz conmigo. Feliz con el amor y feliz con
la vida
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