En medio de
la oscura y calurosa noche, ella camina con su uniforme de educación física, mientras eso sucede un mototaxi baja la
velocidad para seguir el paso cansado de la niña, se detiene y le susurra: “¿Por qué tan solita? ¿A dónde te llevo
bebe?”
Al ver esta
escena y escuchar estas sucias palabras, mi cuerpo se estremeció, hice que
detuvieran la motocicleta en donde iba,
grité tan fuerte, que el hombre moreno, con pelo blanco y contextura delgada que
se inclinaba para jalar el brazo de la niña, se quede inmóvil, como si hubiese
visto a un fantasma, mientras esto sucedía, la Escuela Técnica Superior de la PNP
era testigo de los sucios deseos de este enfermo mental.
Obligado
por las circunstancias, prendió su mototaxi, aceleró y se fue alejando despacio
de la niña que se escondía con su pelo negro y largo. Mi celular estaba visible
en modo cámara, dejé que me pasara para memorizar la placa. Con la furia de ese
desagradable momento, sólo recuerdo que la placa terminaba en 9S.
A unos
metros, el sujeto se acercó a la
motocicleta y sínicamente me dijo: “Señito,
no es lo que usted piensa, solo quise ayudarla y darle un aventón a su casa”,
en ese instante no sabía si reírme o tirarle una piedra en la cara. Mi pareja
sarcásticamente le respondió: “Entonces,
felicitaciones por querer obrar con el bien”. El muy sinvergüenza aceleró
por miedo, ya que en ese instante 4 patrulleros pasaban por el sector.
De
camino a casa, la indignación era como
un veneno. No pude conciliar sueño, toda
la noche y madrugada pensaba en lo que hubiese sucedido si el destino no me
ponía en esa calle, a esa hora y frente a ese hecho. Me torturé pensando en mis
sobrinas de la misma edad y en las hijas que pienso tener. Recordé a tantas
niñas y niños víctimas de violaciones y hasta de asesinatos.
Una persona
de buen corazón no se queda callada, no es indiferente ante estos actos. Una
persona de buen corazón se enfrenta a lo que considera puede destruir a alguien
más. Una persona de buen corazón no le importa que en casa le llamen la
atención por exponerse y poner su vida en peligro. Una persona de buen corazón
agradece que con un acto, una niña pueda seguir viviendo tranquila sin sueños
robados.
Mientras
que la indiferencia sea pan de cada día en nuestras vidas y nuestros hogares,
estas situaciones seguirán sucediendo y la justicia nunca castigará a los
culpables, a esos hombres que se camuflan de una y mil maneras, de saco y
corbata, de curas, de mototaxistas, de familiares abnegados, de maestros, de
amigos y hasta de padres.
La noche de
ayer el destino de una menor de edad hubiese sido distinta sino pasaba por ese
lugar, quizás en un par de minutos la noche hubiese sido testigo de los sueños robados
de alguien que recién comenzaba a vivir. Y ante esto, solo puedo decir ¿Hasta cuándo?
Hasta
cuándo tendremos miedo de salir solas a las calles. Hasta cuándo nuestras
hijas, sobrinas o hermanas serán vulneradas por hombres enfermos. Hasta cuándo
seguiremos viendo y callando.
Lamentablemente
vivimos en una sociedad donde se enseña a la mujer a tener cuidado de no ser
violada, en vez de enseñarle al hombre a no violar. Una sociedad en donde la
indiferencia es el mejor escudo para no salir lastimada. Una sociedad que
lastima y mata.
¿Hasta cuándo?
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