Déjate llevar, déjate llevar, repites en tu cabeza. Comienzas
a perder la concentración. No lo lograrás, otra vez no lo lograrás. Lo
detienes. Le pides que pare. Él sabe qué hacer, pero no quiere hacerlo, no
quiere parar porque está excitado. Por fin tu insistencia lo detiene. La
oscuridad adormece tus pensamientos y gritas, pero nadie te escucha.
La noche es acariciada por una lluvia que no tiene pinta de
acabar, mientras mi cuerpo se moja con esta garúa, mantengo seca mi tanga roja.
Los pirotécnicos irritan mi tranquilidad y aunque el gusto me lo quiero dar yo, no dejo de pensar en el
resto, en ese grupo de personas que no quieren darse el gusto, pero que
terminan sirviendo a uno, dos o más seres repugnantes.
Yo
no quiero que maten mis ganas, mis sueños, mi vida…No puedo cegarme y ser
indiferente ante sacrificios sexuales de muchas mujeres. Seria hipocresía decir
que este año será el mejor, cuando en realidad puede resultar ser un año más
que se pinta de moretones y se ensucia de sangre, en donde los gritos pueden
ser indiferentes y la carnicería humana, se puede convertir el pasatiempo
aceptable ante todos.
La ONU Mujeres, en su Informe 2016 refiere que en 25 países
en los que se comete mayor número de homicidios por cuestiones de género, 14
son latinoamericanos. El feminicidio sigue en aumento y la aplicación de la
justicia continúa siendo limitada, con 98% de impunidad.
¿Celebramos
la llegada de un nuevo año? ¿Queremos que el nuevo año sea mejor?, mientras
tanto en la vida real seguimos observando a niñas violadas y descuartizadas en
maletas. Mujeres con golpes y sangre por todo el cuerpo. Bebés que mueren antes
de nacer por una patada de su padre en el vientre de su madre. Son cada vez más
cercanos los casos de inocencias arrebatas en una infancia que es manoseada por
la mano de su agresor. Las 12 uvas, el champagne, la maleta, no nos ayudarán a
cumplir nuestros sueños, eso no sirve de nada, porque existe vida y dolor más
allá del calzón amarillo de año nuevo y duele saber que eso no cambiará con
alguna cábala.
¿Desde
cuándo nos matan? Nos matan desde que nacimos, desde que quisimos construir un
mundo sin jerarquías, desde que empezamos a proclamar igualdad.
Nos
matan cuando nos dejan el rostro moreteado. Nos matan cuando nos violan, cuando
nos venden como esclavas sexuales y nos obligan a ejercer la prostitución. Nos
matan cuando mutilan nuestros clítoris o cuando nos obligan a engendrar
hijos. Nos matan cuando nos acosan
sexualmente en el trabajo, nos pagan menos que a los hombres.
No
podemos evitar que nos arrojen por una ventana, nos estrangulen, nos atropellen
por la calle, nos den una cuchillada, un balazo o un golpe preciso. No
evitaremos nada mientras que la indiferencia sea parte de nuestras vidas.
Mientras sigamos pensando que todo es normal, no vamos a poder evitar que tu
hija, mi sobrina o nuestra amiga sean víctimas fatales de la enfermedad mental
que aquejan muchos hombres.
El amor y la vida
se han dejado ultrajar, el maltrato y el lenguaje tirano se ha convertido el
mejor acompañante de nuestros días y noches. La indiferencia al dolor nos ha
vuelto seres fríos, egocéntricos y superficiales.
Que este inicio de
año sea distinto, que de una vez por todas tengamos las agallas de detener la
mano del agresor, de secar las lágrimas de una mujer y de devolver los sueños
perdidos de aquellas niñas sin alma.
Exijamos tener más
valentía, más serenatas y menos mensajes de texto. Que desvestirse con la
mirada se vuelva costumbre, que la pasión invada sus vidas y que se mueran de ganas
de comerse a besos en vez de odiarse por tonterías.
Que la risa mate a
la tristeza, que los sueños nos dejen con insomnio y que los orgasmos nos dejen
sin aire.
Porque
hacen falta más huevos en el amor, para tener más amor para vivir la vida.
Voy
por un par de huevos más… y ¿tú?
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