Un
juego, un coqueteo, un mensaje que los lleva a otro, luego una llamada y sin
pensar ya estás con él en un bar. Una sortija de casado en la mano y tú sin
ganas de luchar contra ese antojo de viernes. Habitaciones solitarias y
ocultas, un hotel de paso, el auto, ¡da igual! Sensaciones que no se controlan,
el querer lo prohibido y no parar hasta conseguirlo.
De
niñas nos llamaba la atención la paleta de otra compañera, los juguetes
ajenos eran los preferidos y siempre la competencia de quién tenía mejores
cosas, salía a relucir. Si te gusta mucho cómo se le ve un vestido a alguien,
es más probable que lo quieras a que si lo ves colgado en una tienda. Existen
mujeres que crecen con ese peculiar gusto a lo ajeno. Yo conozco a muchas…
“Sabía
que era prohibido y que había alguien más y que él quizá jamás sería mío, pero
tontamente comencé a intentar quitárselo, ¡Quitárselo, sí, como si se
tratara de un objeto que se manipula, que se adquiere” ¿Es cierto que el
anillo de casado es un imán para las mujeres?
“Me
escondió más de lo que ya lo hacía, me llamó menos y ni decir de las palabras
dulces, todo se esfumó. Todo dura poco, de repente quedas estampada en el
piso y es él quien te hace aterrizar” Así como empieza, todo acaba.
La
infidelidad existe desde siempre, cuando Adán y Eva mordieron la manzana y
renunciaron al paraíso, el gusto por lo prohibido se volvió la aventura más
placentera, lo que no debes tener y tienes. Parece ser algo biológico, como si
las mujeres prefiriéramos a los hombres que han sido “pre seleccionados” por
otras mujeres, porque los hombres solteros pasan desapercibidos.
La
peor enemiga de una mujer, es otra mujer, necesitada o ambiciosa, aquella que
quiere tener siempre una aventura, sentirse deseada y querida por todos. Sin
embargo siempre termina siendo la otra, esa que roba las parejas y a la que
nadie toma en serio.
Los
hombres comprometidos, casados o no disponibles tienen “algo“ que a ellas les
intriga y a la vez les seduce. Están más allá de su alcance, porque son de
otras y ese aura inalcanzable, les atrae. No es lo mismo coquetear con la
mayoría de los hombres solteros, pues la mitad están simplemente
desesperados por acostarse contigo, pero con un hombre casado es distinto;
es como hacerle muecas a un animal enjaulado, por un momento sientes que tienes
el control, pero si reacciona, te emocionas, te liberas y quieres domar a ese
animal. Que el león enjaulado responda a la coquetería, les excita al punto
máximo. El problema es que las “roba parejas” se vuelven adictas a
esa catarata de endorfinas. Si consiguen la barra de chocolate, la prueban
y les encanta, al día siguiente van a volver por más y más,
sin importar que otra mujer podría salir lastimada, simplemente el dicho: “No
hagas lo que no quieres que te hagan”, deja de importar en un dos por tres.
Más
de una ha sido víctima de las mujeres a las que se les antojan los hombres
casados que portan el anillo provocador. A mi madre, a mi hermana, a mi tía y a
una que otra amiga, el amor de su vida, esposo y hasta padre de sus hijos, se
terminó quedando a dormir para siempre en la cama de mujeres antojadizas,
expertas en detectar anillos de hombres casados.
Se
ha vuelto un deporte favorito desear a la pareja ajena, robar a esa persona por
gusto, placer, amor o por deseos de tener lo que no pertenece, todo
esto termina concretizando las más bajas pasiones que algunas mujeres van
alimentando. Pasiones que adormecen, que apasionan, que lastiman, que destruyen.
Así que, pide tu menú, el que te guste, no el del plato ajeno.
Que
la sensatez sea más fuerte que tus hormonas… Porque como dice la canción: “Todo
tiene su final, nada dura para siempre”, así que no te aloques por amor ajeno,
que en la viña del señor, abundan los solteros…
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