Compartían la cama y hacían
el amor una y otra vez. Entre risas construían un amor que no debía terminar.
Escenas de pasión obsesiva. Nada dura para siempre, las parejas se separan, el
cariño se apaga y el amor se extingue.
Somos animales de instintos
y así como el amor nos eleva, también nos vuelve posesivos, obsesivos y hasta
neuróticos. El amor alerta las mismas partes del cerebro que activa la cocaína,
así que cuando nos enamoramos experimentamos una especie de drogadicción:
ansiamos a esa persona que nos hace tocar el cielo, sentimos morir cuando no
está y creemos que su lugar debe ser a nuestro lado. Cuando sentimos que la
paloma quiere ir hacia otro horizonte, podemos actuar de maneras irracionales.
Si no es conmigo, con
ninguno. El eco de sus palabras se escucha entre los escombros del fuego. Envuelta
en llamas, se carbonizaron sus sueños. Su amor se consumió por el odio
esquizofrénico que deambulaba con ansias de matar.
Marisella nunca se imaginó
que el padre de sus 4 hijos se iba a convertir en su asesino. Con sangre fría
tomó una galonera con las manos y le roció gasolina sobre el cuerpo de su ex
pareja, prendiendo fuego hasta generar una explosión que acabo con su sonrisa,
con sus sueños, con su vida.
Este suceso perturba a más
de uno y lo más dramático es que sucede a diario. La sociedad en la que vivimos
atemoriza. No solo lidiamos con el odio de las personas, sino con el morbo, con
aquellos caníbales en busca de su presa, de aquellos vampiros en busca de su
sangre y más sangre, nunca se cansan, siempre quieren más.
La estupidez se ha
desnudado sin inocencia, sin repudio y sorprende a más de uno. No solo tenemos
que lidiar con el morbo que nos venden en el día a día, sino tenemos que
convivir con personajes que de pies a cabeza se lucen como patanes. A raíz de
este lamentable suceso, se ha puesto en manifiesto en las redes sociales un
sinfín de comentarios de apoyo hacía el agresor que quemó viva a su ex pareja y
que quitó la vida a una mujer inocente.
¿El agresor es un pobre
hombre? ¿Es el agresor víctima del desamor? ¿Es culpa de la mujer? Cómo podemos
llegar a justificar actos como estos, minimizando y echando la culpa al
“género” y no a la enfermedad mental que está teniendo a un Perú en cuidados
intensivos.
Seamos sinceros y dejemos
de pensar que las mariposas crecen en nuestros estómagos, que el amor puede
soportar todo tipo de dolor, que la vida es color de rosa y que todo se puede
justificar cuando de amor se habla. No señores, el amor puede ser eterno o pasajero
y si es fugaz y cambiante, se sigue adelante. Que tu mujer se vaya con otro,
que te deje de amar o que decida seguir su vida sola, no te da el derecho de
quitarle la vida. Nadie es propiedad de nadie y si seguimos aceptando
comentarios de este calibre, seguiremos enterrando a más mujeres.
Un contacto en el facebook
dijo:”Dicen por ahí que esta muerte es por el patriarcado”. Otro más fresco y
con ganas de sentirse el bacán sentenció: “Una puta menos, pobre Fernando, tu
eres bueno, no tienes la culpa de nada, la culpa la tuvo esa mujer que te tocó
amar”. Y otro por ahí que se jacta de opinólogo, remató diciendo: “Esto es
ocasionado por ideologizadas feministas feminazis”. Sin duda, esto está más
claro que el agua y solo evidencia que convivimos con enfermos mentales, a
quienes tenemos como conocidos, contactos de facebook y hasta amigos. Es hora
de estar alertas y alejarlos de nuestras vidas, ellos nos están dando esas
señales que muchas mujeres cegadas por el amor dejan pasar. ESTÁN ENFERMOS,
tengamos cuidado, el machismo mata.
Hay amores intensos y
apasionados que se transforman en momentos terribles de locura y dolor. El
despecho puede llevar a perder la cordura y a provocar la muerte.
No queremos enterrar
a más mujeres…Basta de violencia. Basta de machismo. Basta de odio. Queremos
hacer el amor sin miedo a ser asesinadas.
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