Recorre todo su cuerpo con un pedazo de
hielo. Ata un pañuelo de seda alrededor de tu muslo y pídele que te lo quite
con los dientes. Destapa un champagne, adiciona chocolates y una que otra
fresa, todo provocará increíbles sensaciones en su piel... y en la tuya.
Despojada de ropa y carne, en la
historia de la creación, Eva con sensualidad casi inocente cayó ante ese pecado
original, encarnizado en una fruta, la manzana, desde allí, según algunas
versiones, es considerada como el afrodisíaco por excelencia.
Es el condimento del plato de fondo.
Algunos dicen que es infalible, que la presión de la sangre aumenta y los
cuerpos explotan de pasión. La llama de ese fuego, quema todo lo que está a su
paso.
Destapar un vino y hacer ¡salud!, una manifestación
natural de complicidad, de encuentro sexual o de simple amistad, así, el sexo
es la más natural manifestación del ser humano, la menos explotada y
contaminada. Según la psicología, un afrodisíaco es una sustancia o alimento
que potencia el deseo sexual.
Incrementar el placer en la cama, con
el paso de los años ha pasado a candentes leyendas y cuentos populares, a pócimas
más elaboradas para que el amor tenga el vigor y la llama necesaria para
consumir hasta el último polvo de la casa.
Cuenta la historia que, Afrodita, la
Diosa griega del Amor, surgió de la espuma del mar, cuando Cronos mató a su
padre Urano y arrojó sus genitales al océano. Ella representa la sensualidad y
el placer del amor. Afrodita provoca un fuerte deseo, capaz de derrumbar hasta
el edificio más alto.
La fertilidad y el aumento del deseo
pasional no era un problema en la antigüedad, ya que existían ingredientes
preciados como la lechuga, que aumentaba la calidad sexual.
El éxito por su gran parecido a los
genitales de las mujeres, se lo llevan las ostras, consideradas desde la época
romana como potentes afrodisíacos.
En el siglo XVI-XVII, las ciruelas
cocidas eran tan preciadas como afrodisíacos que las servían gratis en los
prostíbulos. El antiguo doctor romano Galeno creía que cualquier alimento que
produjera flatulencia era un afrodisíaco. Fue una creencia que perduró
hasta el siglo XVIII. En el siglo I, San Jerónimo le prohibió a las monjas
comer frijoles debido a la creencia generalizada de que estos
"excitaban los genitales" de las mujeres. Y así, la BBC confirma su
frase: “todo lo que el mundo sabe es errado y lo que no sabe es fascinante”.
(Quite interesting, BBC)
Y como toda receta puede quedar mal
hecha si su combinación es errada, existen antiafrodisíacos, aquellos alimentos
que te restan las ganas de ir a la cama a desatar los más bajos y deliciosos
deseos carnales. Los monjes y monjas de
la Edad Media comían la raíz del lirio, para asegurarse de mantener sus votos
de castidad tranquilos y dedicados solo a su Dios.
Manzana, arroz, apio, canela, perejil,
chocolate, mariscos, ostras, fresa, palta, plátanos, estos alimentos y otros
más, son parte del placer gastronómico, culpable de las más grandes maratones
carnales. Así que, de ahora en adelante, ya sabes qué comprar para llenar la
refrigeradora, porque quién sabe, puede servirte de gran aliado.
Sin duda, tener una vida sexual
placentera no depende de pócimas, suerte o de algún atractivo adicional que te
caracterice. Se trata de excitar el cuerpo, el alma y la vida. Fantasea y
fulmina hasta el último cartucho que se encuentra escondido entre tus sábanas
blancas. Y como dice la canción “Me Enseñaste” de Ricardo Arjona, “el
afrodisíaco más cumplidor no son los mariscos sino el amor”.
En la boquita todo es mejor, la comida
que te enciende, las palabras que te envuelven, los besos que te seducen y los te
amo que te enamoran.
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