Hay
fobias de todo tipo, yo tengo terror a muchos insectos, las cucarachas, los
murciélagos, los roedores y las serpientes, pero no hay miedo mayor cuando
se habla de aros, compromisos, vestidos blancos, altares y bodas. Una buena
parte de hombres sufren de pánico con solo mencionarlo. Así como dicen que las
mujeres son un misterio, los hombres también tienen sus acertijos un tanto
complicados de resolver.
Algunos
quieren salir como si estuvieran en un manicomio, otros, que tienen la amenazan
de entrar, huyen despavoridos. Algunos entran cuando el otro sale, el divorcio
se ha puesto de moda y el matrimonio se ha transformado en algo frívolo. La
gente se casa y se divorcia como tomarse un vaso de agua.
El
cuento con final feliz, el llegar al altar con el príncipe azul, es lo que
muchas mujeres desde niñas sueñan, su frustración aparece después, cuando se
dan cuenta que el hombre amado no tiene el mismo sueño; o lo que es peor aún,
que el sueño de ella para él, es una pesadilla.
De
niña vivía obsesionada con el juego del papá y la mamá, incluso mi barbie
favorita tenía su vestido blanco y lo ¡adoraba! Entraba en llanto cuando él
llegaba con su tractor de plástico y traía abajo mi casa de muñecas y por
supuesto, a mi barbie vestida de blanco. Ahora todo tiene sentido, el muchacho
del barrio que se empeñaba en destruir mis juegos de niña, era el mismo que destruiría
mis sueños en un futuro muy lejano. Con el paso de los años, los hombres siguen
haciendo lo mismo, destruyen sueños con tractores y huyen maratónicamente ante
cualquier amenaza de matrimonio.
Amor,
boda, compromiso, matrimonio, mujer, hombre, pareja, sexy, sexo, mejor seguimos
solteros.
¿Fobia
al compromiso? ¿Por qué miedo a un acto tan sublime? Los hombres le temen tanto
al matrimonio, como las mujeres le temen a la soltería. Las nuevas generaciones
de mujeres, ya no sujetan su realización personal a la concreción del
matrimonio; y muchos hombres “modernos” ven en el matrimonio como un nuevo
escenario en dónde pueden compartir vivencias con la pareja. Los tiempos han
cambiado y las mentes también; pero de todas formas quedan algunos rastros de
creencias obsoletas.
¿Estás
en pareja con algún dinosaurio fóbico al casamiento? ¿Tú sueño es casarte, pero
él no quiere saber nada? ¿Ya llevan mucho tiempo de novios y él se resiste a
poner fecha?
Adiós
al momento de encuentro con los amigos, las cervezas después de la oficina, las
salidas nocturnas, estas actividades en el matrimonio se esfuman con el humo de
un cigarrillo tras la reja de una prisión “cómoda”, nuestra casa. Es por ello, que
los
hombres suelen sentir resistencia al compromiso por el mensaje que han recibido
de niños por parte de la familia y la sociedad: una esposa e hijos, implica
mayor trabajo y obligaciones, se disminuyen los placeres y los tiempos. El matrimonio aparece como un monstruo que
pretende arrebatarse del “hombre” lo mejor de ese hombre. Esas creencias de
“prisión” de “verse privado de algo” son las interpretaciones que hacen que los
hombres teman al matrimonio.
Tras
dos días de sexo y promesas, muchos terminan convencidos que entre ellos existe
más que química y que deben casarse. La misma juventud ha hecho que el
matrimonio sea un paso más y le ha restado la importancia al “hasta que la
muerte nos separe”. Y así, en esta montaña rusa, casarse es el equivalente a
solamente tener sexo y divertirse.
Miedo
a perder la pasión, miedo a perder la libertad, miedo a perder su espacio…Sólo
me queda una duda, ¿de verdad existen más cosas que perdemos de las que
ganamos al comprometernos?
La
pista atlética es inmensa, mientras ella sigue pensando cómo conseguir que su novio le pida la mano, él piensa en cómo conseguir que su novia no quiera
casarse con él.
Casarse
no garantiza una buena relación, aunque no casarse tampoco la garantiza. “él no
me hace feliz, ¡yo soy feliz!, yo me hago feliz o infeliz, él sólo es parte de
mi felicidad”…
Hombres
casados dicen vivir muy felices, hombres divorciados también dicen vivir
felices y hombres solteros también afirman vivir felices, pero si el matrimonio
no es algo natural, sino algo creado por el hombre artificialmente, ¿por qué
entonces casarse?
De
lo que estamos seguros en estos tiempos cibernéticos, es que el matrimonio es
ya una institución fracasada y del pasado (tipo máquina escribir, vhs y caseette).
Hoy que vivimos en la era de redes sociales, de facebook y whatsapp, podemos
intentar, con un plan de bacanería y una muy buena dosis de amor, a vivir reuniditos
nomas y sin anestesia buscar la felicidad. ¡No quiero casarmeeeeeeeeee!
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