Podrías quedarte
pegado si tienes sexo. El anticristo puede llegar a este mundo si algún niño
nace en estos días. El rojo pasión que tanto te gusta, debe desaparecer de tu
armario, porque vestirlo, podría significar que el diablo se apoderó de ti. La
mula o la serpiente son los animales en los que te convertirás si eres el
cobarde que agrede a sus padres. Estas y otras frases más, han sido la táctica que
mi abuelita utilizaba como tortura para que me comporté como una niña bien y
católica, en Semana Santa.
Se encienden velas y
no necesariamente para una noche de pasión, sino para decorar los hogares
católicos que se rasgan las vestiduras en estas fechas. Algunos dicen que no se
debe limpiar la casa ni barrer el suelo, porque estás barriendo la cara de
Cristo. Si se aprovecha para hacer algún trabajo en casa, se deben evitar los
clavos, porque Jesús había sido crucificado con ellos.
Clavadas, sangre, pecados
y más pecados, el mundo está lleno de esos.
En la costumbre católica se deja una ofrenda en cada casa del
Señor, mientras que los amantes del buen beber van dejando sus pertenencias
conforme se agudiza su estado etílico. Lo que debería ser tiempo de paz y
reflexión, se ha convertido en un fin de semana donde la juerga es digna de
Sodoma y Gomorra.
Estamos miércoles de
ceniza y los planes empiezan a aparecer. El recorrido no es para las siete
iglesias y mucho menos para la maratón de películas cristianas. Lo último que
quieren es comulgar en misa y cargar la cruz por nuestros pecados. Estas fechas
sagradas tienen otro destino.
El trabajo, la casa,
los hijos, el novio, el amante o a lo mucho el amigo, son rutinas que aturden a
la sociedad y como en la variedad está el gusto, la única procesión que están
dispuestos a acompañar, es la inmensa cola de autos y motocicletas que entrampan
la carretera, por esa bendita promesa de santo vacilón en estos cuatro días de
perdición.
Esta época trae consigo
más fieles de lo normal, no es el cuerno lo que predomina, pero la fidelidad no
está relacionado con lo sentimental, sino a la juerga con la que te comprometes
por un par de días. El tour más atractivo es el de los bares o de alguna ciudad
que quisiste conocer, las iglesias pasan a segundo plano.
“Señor, ¿por qué me
has abandonado?”, exclaman casi moribundos tres días después, cuando resucitan
con una resaca de proporciones bíblicas. Su vía crucis chupística ha terminado,
los mártires se arrastran cargando un botellón más pesado que la cruz.
Para nuestros
abuelos era pecado mortal el alboroto en Semana Santa, lo tomaban como posesión
demoniaca. Lo que se podía gritar
eufóricamente era el “‘Aleluya” y el “Salve Salve María”. Sin duda los tiempos
cambian, la juventud baila más alegre que Barrabás liberado, los pecadores nos
mojan con su sudor al menear el esqueleto, todos quedamos mojados, esto es tan
celestial.
No soy la que se
persigna y latiguea con su rosario, pero no hay duda que Satanás está por todos
lados y el lugar que más le gusta es la televisión, la señal abierta es su
preferida. El televidente tiene para escoger más de 500 canales para no sufrir
la pasión del aburrimiento. Desde los culebrones mexicanos que hacen llorar a
las amas de casa cual María Magdalena, hasta las Noches de Clímax que resucitan
a sus maridos, la diversión en Semana Santa depende de un dedo en el control
remoto. Son pocos que aún conservan el espíritu hogareño y en casa se soplan el
combo televisivo de Ben-Hur, Los Diez Mandamientos y Jesús de Nazaret.
Para los que gozan
de la carne, en estos días está terminantemente prohibida. Pero, ¿para qué
están hechas las reglas sino para romperlas? Por la noche, luego de haber
bebido hasta el vino de misa, los fieles buscarán su ingreso entre cualquier
sábana, imaginando que tendrán alguna aventura con Cleopatra.
Cuando el domingo
llegue, algunos fiesteros serán exorcizados por sus madres y se enrumbarán
hacia la iglesia, se golpearán el pecho y llorarán a Dios por dejarlos resucitar
al tercer día. Al tiempo del sermón del párroco, roncarán a todo pulmón con la
paz de los inocentes. A fin de cuentas, Jesús murió por nuestros pecados ¿no?
Ni santa ni
pecadora. La fe como el amor se siente y se vive, no es necesario arrodillarse
y hacer ver al mundo en cuatro días tu bondad, cuando en realidad eres una
lacra en la sociedad.
Todo se ha
consumado, y a mí, me encanta pecar, el resto se lo dejo a Dios, para que los
perdone por lo que hacen, porque yo no tengo vela en esta misa…
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