No podía creerlo.
Pero lo logré. Amanecí con dolor por todo el cuerpo, pero valió la pena hacerlo
con estos cuatro amigos. Ellos también pudieron y fue realmente una experiencia maravillosa. ¡Qué locura!
El deseo de sentir lo que mi amiga
Sofía “La veloz” transmitía a través de
las fotos que publicaba en su Facebook, es lo que me motivó a probar esta
experiencia.
Eran las 6.30 de la noche, el aire fresco
acariciaba nuestros cuerpos sedientos de adrenalina. Como buenos principiantes
en este deporte, hicimos el calentamiento previo. La inocencia de la primera
vez salía a relucir. Ingenuidad,
curiosidad y entusiasmo excitaba nuestro momento.
El sudor mojaba nuestros cuerpos, hacíamos un
esfuerzo sobrehumano. Nunca pensé que fuera tan doloroso. Cuando me contaban
sus experiencias, todo parecía motivador. Sin embargo, yo estaba ahí, en menos
de cinco minutos, casi muerta. No había cuando terminar, la cuesta se volvía
más interminable.
Se escuchaban gemidos de placer y dolor. El
corazón latía con más fuerza, parecía que iba a explotar. Una cosa de locos.
Llegar a los baños termales de Moyobamba pedaleando una bicicleta acompañada de
cuatro amigos, se volvía una experiencia de nunca acabar.
El ciclismo se ha convertido en una
práctica común. Mientras me deleitaba
con un riquísimo helado de camu camu, una amiga emocionada me contaba su
experiencia sobre una bicicleta, todo sonaba ¡paja! Aventura, diversión y
emoción, eran las palabras que predominaban en el relato. La realidad de la
primera vez era distinta, igual de gratificante, pero con esa dosis de dolor que
nos detenía cada 10 minutos. Sin embargo, el masoquismo se volvió nuestro
aliado.
Nuestra meta incluía unos 3 kilómetros cuesta
arriba, pequeño detalle que no tomamos
en consideración. Los cuatro hombres que acompañaban mi recorrido parecían
querer seguir en la lucha, solamente para demostrarme que sí se puede y que la
del sexo débil seguía siendo yo. Terca como siempre, llegué, extasiada, pero
llegué.
Montar una bicicleta es fácil, dominarla es
complicado y acostumbrarse a ella, un reto.
Si hay un deporte adictivo para
aquellos que comienzan a practicarlo, ese es el de andar
en bicicleta. El cuerpo sabe de los beneficios que adquiere a través de este
ejercicio y es por esto, que cada vez te va
pedir más tiempo y dedicación. No solo es beneficioso para la salud
corporal, sino para la mental, ya que te da la posibilidad de
realizar ejercicio al aire libre, de destellar emociones y de compartir
aventuras.
La bicicleta es la mejor medicina
contra el estrés y el mal humor. La combinación perfecta entre ejercicio
físico y sensación de velocidad, te dejan suave y reconfortado. Recorrer la
ciudad en bicicleta es una actividad relajante y entretenida,
nada que ver con la inmovilidad de andar en algún vehículo. Cada
nueva ruta es un desafío y un nuevo camino que registrar. Poco a poco
vas coleccionando rutas y recorridos que te hacen
pensar que puedes llegar a cualquier lugar.
Cuando
llega el momento de la primera vez, se trata
de una experiencia inolvidable, que, indiscutiblemente marca a la
persona. Es un momento que se recordará por años, con nostalgia, alegría, emoción,
pero siempre, de cualquier forma, la primera vez será recordada con
cariño. Sin duda, mi primera vez con la bicicleta, fue más de lo que
esperé.
Desde que conocí el placer de rodar,
no he podido parar y entre más pedaleo, mayor es mi deseo de seguir. Me siento
llena de vida y no importa cuán difícil haya sido mi día, siempre está ella, mi
“súper guerrera de dos llantas y pedales”
para desahogar mis penas e incrementar mis alegrías.
Y con ese gustito de la primera vez, lo volveré a hacer mil veces. Esta vez no con cuatro,
sino con seis o más. Todo sea por la salud y por el amor a la vida…
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