Ni villancicos, ni
fiestas, ni adornar la casa, ni regalos por compromiso, ni hacer el nacimiento,
ni canciones, ni pavos. ¡Nada de nada!…
Hoy me siento un
poco Grinch, pero no voy a robarles la Navidad, simplemente voy
a dar unos cuantos motivos sobre por qué la Navidad es una época que produce
urticaria. ¡Bienvenidos grinch del mundo! ¡Esta es la entrada que estabas
esperando!
Pavo, chancho,
pollo, panetón, chocolate, vino…¡Stop! Dicen que en Navidad es la época en la
que más se engorda y no me extraña: si comemos como animales. No
podemos parar de comer, cada vez que haces una visita a una casa te ofrecen un dulce
o un panteón. ¿Alguien se ha puesto a pensar en la cantidad de comida que tiramos?
¿Nadie piensa en los niños que no tienen nada que comer? Llegados a este punto,
no sé qué es peor: si tirar la comida o estar comiendo sobras hasta el 23 de
enero.
Y ni qué decir de la
hipocresía viajando por las nubes formadas como un aura encima de nosotros, no
solo tienes que tragarte al familiar que evitas ver a lo largo del
año y al que tienes que ver obligatoriamente en Navidad. Ese familiar que
no le cae bien a nadie pero que “es familia“ y al que tienes que aguantar
durante toda la cena porque “es Navidad“. No me malinterpretes, reunirse con la
familia es de las pocas cosas buenas que tiene la Navidad, pero ¡vamooos! Todos
tenemos a un familiar al que no podemos ni ver. Ese familiar que te recibe con “cumplinsultos”:
“Hay que ver que hermosa te has puesto“, traducción “Estás más gorda“, “Y tú,
¿cuándo te casas? traducción “O te das prisa o morirás sola“. Ese familiar que
te cuenta por decimosexta vez lo que él considera la mayor gesta de su vida y
que para ti es una anécdota ridícula. Ese familiar que siempre tiene un “Déjame
a mí que tú no sabes“, en la punta de la lengua. Ese familiar que, en
definitiva, desearías que no tuviera lazos de sangre contigo. Y ojo, a
menudo no los tiene: suelen ser tus cuñados o tus tíos políticos… seguramente
porque su familia ha sido más lista que la tuya y se libró de ellos hace
tiempo.
Hace poco estaba en
una cafetería y escuché un villancico, esa tortura moderna: todos suenan igual, diabólicos niños
taladrándote el cerebro durante horas. Las calles son intransitables, las
personas corren con cantidad de bolsas, como si nunca en su vida hubiesen
comprado algo. ¿Alguna vez se han detenido a pensar en esa actitud tan absurda
de gastar y gastar dinero? Y las luces encendidas toda la noche, elevan el pago
del recibo de la luz que muchos recuerdan en enero.
No entiendo las canciones navideñas, me parecen más una
dosis depresiva. Aplaudir sin sentido cada vez que entregan un regalo, esperar
la cena y por fin ir a dormir, mientras todos alrededor se dan abrazos
creyéndose los mejores amigos cuando el resto del año ni siquiera se soportan.
A mí, que me dejen
dormir tranquila. Quiero detalles, no regalos por compromiso, porque para eso ya
tengo muchas medias en mi armario.
Dejen de gastar tanto dinero en trivialidades, ¿qué
importancia tiene? No se dan cuenta que muchas personas están sufriendo, están hambrientas, no tienen
nada, no hay regalos, no hay chocolate, no hay almohada donde apoyar la cabeza,
ni zapatos para caminar. Diferentes países, diferentes realidades.
La historia del
Grinch es la moraleja. A pesar de robarse todas las cosas navideñas, él no pudo
destruir el espíritu navideño, porque la navidad no se trata de regalos, luces,
comida o fiestas; la Navidad se trata de estar feliz con la familia, vivir en
paz y en buena onda, y en el caso del cristianismo, celebrar el nacimiento del
niño Jesús, quien nos salvó del pecado con su amor infinito. Un floro creíble,
pero no como para volvernos tan bonachones solo un día de los 365 del año.
Quizás eso también
es lo que sienten los individuos que se denominan Grinch, que la gente le da
más valor a los regalos y la época, que al sentido familiar navideño. Tal vez
no es malo ser un Grinch.
Dicen que si no
puedes con el enemigo, únete a él. Y en Navidad, amigos, el enemigo está por
todas partes: en las tiendas, en las casas, en las calles, en los villancicos y
en artículos como éste.
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