¿Por dónde
ha entrado usted? Por la puerta. ¿Sabe usted que no se puede pasar? He pasado.
¿Quién es usted? Periodista. Donde quiera, como quiera y con quien
quiera. Sí, así vivo mi pasión periodística. Ser mujer periodista en una
sociedad machista, es una locura.
El sonido de tacones y el correr en un
desalojo; el rímel bien puesto y las lágrimas que corren por el rostro después
de escribir un caso social; el perfume que embriaga al más inocente y el sudor
que corre por el cuerpo en una jornada de trabajo bajo el intenso sol; la
motivación capaz de derrumbar la torre más alta y las amenazas por luchar
contra la corrupción. Ser femenina y
aguerrida a la vez. La incorporación
de las mujeres al mundo del periodismo ha sido lenta a la vez que abrumadora. Al
igual que las mejores pasiones, el periodismo se ha convertido en la profesión
que hace vibrar a nosotras las del sexo que dejó de ser débil.
Hablar de la mujer en su
rol de periodista, nos invita a pensar en la imagen de alguien con carácter
fuerte, capaz de preguntar y dar salidas a una labor que anteriormente estaba
diseñada sólo para hombres. La profesión periodística ha vivido y está viviendo
en los últimos años una constante feminización. Sorprende ver a una incisiva
Rosa María Palacios queriendo poner en aprietos a sus entrevistados y a veces
hasta volviéndose antipática frente a sus colegas del mismo género.
Y así, recordemos un poco a
escritoras como María Jesús Alvarado, autora de numerosos artículos sobre
educación, feminismo, indigenismo, que durante el Oncenio de Leguía, sufrió
cárcel y exilio por sus ideas sociales. Imposible no recordar a Mercedes Cabello de Carbonera y Clorinda Matto de
Turner. Las primeras décadas del siglo XX tienen en Ángela Ramos y Magda Portal
(poeta de la vanguardia) dos figuras de enorme importancia que hacen del
periodismo la vía de sus propuestas sociales. Ambas amigas cercanas de
Mariátegui. La primera, autodidacta, escribió en El Comercio, El Tiempo, La Crónica,
Mundial y Amauta, entre otras publicaciones. Magda, poeta y política se dedicó
al periodismo hasta los últimos años de su vida.
Sara Lovera, reconocida
periodista y feminista mexicana, señala: “Estamos cambiando de piel de manera
sistemáticamente pero seguimos siendo vistas como algo de menor valor”.
Cada vez más mujeres
ejercen el oficio de periodista, que durante mucho tiempo estuvo reservado a
los hombres. Algunas de ellas eligieron dedicarse al periodismo de
investigación y denuncian las violaciones a los derechos humanos, la
corrupción, o abordan temas tabú en una sociedad determinada. Su trabajo sobre
temas delicados molesta y, al igual que sus colegas masculinos, estas
periodistas son víctimas de intimidaciones, amenazas, agresiones, e incluso
asesinatos.
El simple hecho de
ser mujer periodista puede considerarse en ciertas sociedades “contrario a las
normas sociales” y ser causa de represalias. Por el hecho de ser mujer, debido
a su género, en ocasiones las presiones toman ciertas formas: desde campañas de
difamación a violencia de tipo sexual, pasando por amenazas a sus
familias. Muchas mujeres prefieren guardar silencio sobre las dificultades
y los riesgos a los que se enfrentan en el ejercicio de una profesión que sigue
siendo mayoritariamente masculina.
Los resultados del Informe
Global sobre el Estatus de las Mujeres en los Medios de Comunicación, publicado
en 2014 por la Fundación Internacional de Mujeres en los Medios (Global Report
on the Status of Women in the News Media, International Women’s Media
Foundation, IWMF), son indiscutibles. Cerca de dos tercios de las 977 mujeres
periodistas entrevistadas afirman haber sido víctimas de intimidaciones,
amenazas o abusos relacionados con su actividad profesional. En una tercera
parte de los casos, el responsable era su jefe. Casi la mitad de las mujeres
periodistas se han enfrentado al acoso sexual, y más de una quinta parte, a la
violencia física. Pese al impacto psicológico de estos abusos, el silencio
sigue siendo la regla; la denuncia, la excepción.
Los tacos y pasión, ser aguerrida, luchadora y no tener miedo a
decir la verdad, se ha vuelto la insignia con la que muchas mujeres a diario ejercen
su profesión periodística.
“Creo que para ejercer el periodismo,
ante todo, hay que ser un buen hombre, o una buena mujer: buenos seres humanos.
Las malas personas no pueden ser buenos periodistas. Si se es una buena persona
se puede intentar comprender a los demás, sus intenciones, su fe, sus
intereses, sus dificultades, sus tragedias. Y convertirse, inmediatamente,
desde el primer momento, en parte de su destino. Es una cualidad que
en psicología se denomina «empatía». Mediante la empatía, se puede comprender
el carácter del propio interlocutor y compartir de forma natural y sincera el
destino y los problemas de los demás”.
Ryszard Kapuscinski
No hay comentarios:
Publicar un comentario