“Dale más duro”, se
escucha entre susurros que se aceleran,
las caricias se convierten en látigos de amor y de placer. La estrecha unión
entre posesión y poder se funden en una sola, ya no eres tú, es tu cuerpo que
le pertenece. “Mientras más fuerte mejor”, te convence mientras que tu pelo se
alborota, tu cuerpo se marca de huellas de violencia, tu sangre se derrama por
el piso, pero ¿qué importa?, si a las finales, él te ama.
Aunque creas que su
intensidad de amar es lo que hace que se sobrepase sólo un poquito, no sabes
que estás alimentando el deseo de poder, ansias de dominarte y violencia,
aquella con la que te sellará de amor en la cama, en tu casa y en tu vida.
No
nacen, se hacen. Sus golpes en la mesa, sus insultos, sus desprecios,
sus palizas y sus asesinatos no vienen codificados en los genes. Tampoco
dependen de su etnia, ni del nivel intelectual, ni de la posición económica, ni
de sus adicciones. El hombre maltratador tiene al miedo como aliado y al
sexismo como cómplice: el
perfil del hombre maltratador es el del hombre machista. Así de
sencillo.
En nuestra sociedad
“maltratar” “pegar” “gomear” “sellar” o como quieras llamarlo, es lo más normal
del mundo. Abogados, médicos, periodistas, ingenieros. Cultos e ignorantes ejercen
ésta actividad como un acto deportivamente adictivo.
Hace poco me
paralicé, cuando un hombre reincidente en maltrato físico en su hogar, defendía
en los tribunales otro caso de violencia. ¡Irónico, pero cierto! Este personaje
pica donde puede, cree que puede obtener a una mujer porque simplemente le
hablo y ella debe caer rendida a sus pies. Como es de esperarse odia a la mujer
que tiene voz y cada vez que aparezco, ataca, pero se esconde cuando saco las
garras. Es normal, este tipo de maltratador, es en el fondo, cobarde sin
remedio.
En un grupo de
hombres violentos escuchar los comentarios sobre "traseros" o
"delanteras" es totalmente normal. Ellos gozan de su privilegio de
ser "hombres" asociado al permiso y poder de que detentan al punto
que se transforman en irresistibles al momento de enfrentarse con una mujer.
Estos hombres
tienen una confusión muy grande entre lo que es el amor, el deseo sexual y el
poder, así y dejando el amor de lado. El sexo es utilizado como poder. En
realidad, cada conquista es vivida como el triunfo ganado en la batalla.
Muchos de ellos
tienen miedo a ser dominados ya que han aprendido que quienes dominan son
ellos, quienes mandan son ellos, quienes deciden son ellos a la vez que
experimentan un gran miedo a que su pareja se vuelva independiente, tome sus
propias decisiones y compartan el mismo poder.
¡Otro baldazo de
agua fría! Un defensor social, que lucha por actos de violencia y de
injusticia, maltrató a su esposa, quién lógicamente selló su boca, se quedó
muda, silenció su vida, su dignidad y la de muchas.
Es
sorprendente ver cómo muchas mujeres se niegan a hacer el reporte policial, aun
estando ante las autoridades todas golpeadas y ensangrentadas en las salas de
emergencia de los hospitales. El terror que sienten hacia sus compañeros es tal
que se niegan a hacer la denuncia.
¡Bendito círculo de la violencia! En base a los roles y estereotipos sociales que recaen sobre ellos, los
maltratadores a la hora de resolver un conflicto real o emocional utilizan la
violencia. Poco a poco van acumulando sentimientos de rabia, llega un momento
en el que explotan, y es entonces cuando agreden a su pareja. Después, como
sienten culpa y creen que pueden perder a esa persona, utilizan lo que llamamos
el periodo de “luna de miel", es decir, buscan el perdón de la víctima.
Les dicen que no volverá a suceder, que ha sido un error, hasta que logran la
reconciliación, pero ésta es sólo temporal. Luego realmente vuelve a ocurrir lo
mismo: vuelve la acumulación de
tensiones, otra explosión y así sucesivamente. Cada vez los periodos entre la
explosión y la luna de miel van
siendo más reducidos y la intensidad de la violencia, mayor. Porque la violencia es un proceso que siempre
va en aumento, nunca en decremento.
La violencia es el último recurso
del incompetente y en el mundo estamos llenos de incompetentes. A diario lidio
con ellos.
No
podemos pasarnos el tiempo tratando de entrar en los zapatos que nos quedan muy
grandes o muy pequeños.
Bien dicen por ahí, si el amor aprieta, no
es tu talla.
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