La vida está ahí,
aunque no es comprada, no merece ser arrebata. Los mensajeros de la muerte
aparecen intempestivamente, no da tiempo de reaccionar. La sangre corre por el
piso, todos se quedan como espectadores, asombrados, mientras el terror va
invadiendo sus vidas. Los mensajeros huyeron, a nadie le importa esa vida ya
robada, al igual como cuando se atropella a un animal, se saca del camino y se
sigue con la propia. Y así, toda vida
adquiere un precio y todo ser humano está sujeto al escrutinio de una persona
que puede definir el valor que tiene su muerte.
Tienes una deuda, te matan; eres
infiel, te matan; no simpatizas, te matan; tienes dinero, te matan; no tienes
dinero, también te matan. Ahora matan
por todo. Son acaso las simples ganas de matar y punto, llenar de sangre todo.
El día de ayer me
llamó por teléfono un amigo de Trujillo, solamente para hacerme la interrogante
que la esperaba hace mucho: ¿No que San Martín era un lugar donde se podía
trabajar tranquilamente?, no tuve respuesta, pues sabía que ya no estaba en el mismo lugar donde
había nacido.
La delincuencia ya
no es exclusiva de Lima o Trujillo, el sicariato lo tenemos al frente de
nuestras narices. La impunidad crece y quienes deberían protegernos, simplemente
se esfuman, ya que con ellos no es la cosa.
En la antigua Roma, sicario
significaba hombre-daga, pues “sica” es una daga pequeña y fácil de esconder
para apuñalar a los enemigos políticos (Wikipedia). En la actualidad, es quien
asesina por encargo, a cambio de una compensación económica.
El fenómeno del sicariato no es nuevo
en el mundo, ni ha estado ausente del Perú, lo cual quiere decir que no es un
hecho delictivo que “llega desde afuera” ni que tampoco es reciente. En el país
existe sicariato desde tiempos inmemoriales, aunque en la actualidad se ha
incrementado y ha cambiado sustancialmente. Si bien el número de homicidios no
es tan significativo como en Colombia, México o Brasil, sus efectos son
devastadores a todo nivel. Sin embargo, pese a que éste delito ocurre
constantemente, se niega su existencia.
Crece en la obscuridad, aunque todos
saben de su realidad a través de los medios de comunicación, aunque su
existencia, no siempre es reconocida por quienes deben velar por su control.
Para ser sinceros
con nosotros mismos, no podemos negar que estamos a estas alturas, a merced de
los sicarios, de estos mercaderes de la muerte, que por un puñado de soles, les
resuelven los “problemas” a las personas (líos de tierras, amorosos, venganza,
etc.), eliminando, sin ningún escrúpulo y a sangre fría, a otras personas. (MC)
¿Quién hace algo con la inseguridad
ciudadana? Irónicamente, el General de
la Policía afirmó en un medio de comunicación que: " no le preocupa los
asesinatos ocurridos en San Martín, porque son actos aislados. Entonces ¿Quién
velará por nuestra seguridad? ¿A quién le va a preocupar de verdad? ¿Cuáles no
son actos aislados? ¿Seguiremos viendo morir a más personas?
Es lamentable que traigan de fuera,
gente incompetente, que sólo les gusta figuretear, que mientras haya cámaras se
luzcan con su mejor quebrada y sonrisa, pero cuando se trata de trabajar y
entregar resultados a la sociedad, no entreguen nada. Y para colmo,
descaradamente hacen público, que los cinco asesinatos en la región, no les
importa.
¡Pues claro! a ellos les encanta
pasear en las camionetas y hacer batidas por casco, ya que el verdadero trabajo
les da miedo. Tenemos a efectivos policiales, generales, coroneles, que no
están preparados para el verdadero fin de una sociedad: Brindar seguridad.
A
ellos los formaron para hacer batida y punto.
A ellos, les gusta estar en su zona de confort, porque a las finales, a
quién le importa quién muera. ¿No?
Señores del Gobierno
Regional, Municipalidades Provinciales, Policía Nacional, Ministerio Público,
Poder Judicial, Frente Cívico, Rondas Campesinas, Juntas Vecinales de Seguridad
Ciudadana, organizaciones que gritan encadenados por la justicia social, Cámara
de Comercio y población organizada en su conjunto ¿Qué estamos esperando?, que
nosotros o algunos de nuestros seres queridos sean las próximas víctimas, no
solo del sicariato, sino de la ola de asaltos y robos que está azotando nuestra
región. Es hora de hacer frente a esta lacra, que está arrinconándonos cada vez
más. No podemos seguir permitiendo que un puñado de desgraciados delincuentes,
sigan sembrando terror en la sociedad.
Nuestra vida está
tranquila, hasta que los mensajeros de la muerte aparecen y te la arrebatan.
Todo tiene un precio ¿Cuánto crees que vale tu vida?
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