Podría sonar hasta
descabellado, el hecho de decir que me encantaría ser animal en el arte de
amar, pero sin embargo, según Ashley Montago, “el hombre es un animal salvaje
que, en las sociedades civilizadas, se ha domesticado a sí mismo”. Y pues ello,
me enciende un poco más, no por la pasión que esto podría desatar salvajemente,
sino por la curiosidad del amor que en el reino animal pueda existir. ¿cómo?
¿por qué? ¿dónde?.... muchas preguntas, vayamos a los hechos.
“Los animales tienen su corazón”. Además de afirmarlo
literalmente, en el plano emocional esa frase también tiene sentido. No solo
las personas se enamoran, los animales también lo hacen.
Los pingüinos son símbolo
del romanticismo. Se enamoran, pasan juntos toda su vida, crían juntos a sus
retoños y se memorizan la voz de su pareja, solo por la voz consiguen
localizarse.
Los machos buitres son como muchos de los hombres, ellos
compiten por conseguir la hembra. Una vez que ya se ha establecido la pareja,
esta queda protegida por el resto de los integrantes de la manada. ¡Puro
machismo!.
Pero no solo existe
machismo, sino también aflora el sentido de equidad de género en la pareja, al lobo gris le gusta formar una familia y
ayudar a la hembra a cuidar de sus cachorros.
Y aunque no lo crean, la
onda europea, conocida como “open mind”
también existe en el reino animal, los titíes duermen como los humanos,
juntos y se emparejan con quien desean, se besan, bailan juntos, muestran su
atracción, etc.
Además, los animales
también sienten ese cosquilleo en el estómago. En el periodo en que se
cortejan, sienten una inmensa energía que les impide dormir, además muchos de
ellos se enamoran a primera vista.
Eso sí, aprovechan su amor
al máximo, ya que el enamoramiento dura un tiempo determinado, según la especie
de la que se trate: semanas, días, e incluso segundos.
Enamorarse… ¿es algo
exclusivamente humano? ¿qué sentido tiene el enamoramiento en los
animales?
El cortejo animal, previo al apareamiento en muchas especies es en cierto sentido muy parecido al ritual que llevamos a cabo los humanos: antes del apareamiento físico, los machos tienen que conquistar, a la hembra, convencerla de que él es “el mejor de los mejores”, “nena, elígeme, porque yo lo valgo”. En los humanos sigue siendo el hombre quien inicia las relaciones heterosociales. Hoy día el 90 % de las ocasiones sigue siendo la frecuencia con la que el varón realiza el acercamiento.
El cortejo animal sirve
para que los individuos se busquen, se reconozcan, se enamoren y copulen. Este
instinto reproductor es tan fuerte, que a los machos de algunas especies
animales tienen que realizar verdaderas hazañas, y a muchos de ellos les cuesta
la misma vida.
El enamoramiento forma
parte del cortejo animal, y sirve para seleccionar al objeto sexual y fijar la
atención de manera persistente y obsesiva en él, hasta conseguir el fin del
proceso que es la cópula o coito, para reproducirse y cumplir su papel de
perpetuarse a través de las crías.
Aunque los comportamientos
anteriores no necesariamente están relacionados con la monogamia y con la
fidelidad a una sola pareja, en el fascinante reino animal podemos
encontrar múltiples ejemplos de animales monógamos y fieles, machos de una sola
hembra. La monogamia en animales puede ser presentada como una alternativa
social que posibilita la cooperación de ambos progenitores en el cuidado de las
crías. Esta teoría conocida como “papá en casa” garantiza la paternidad e
impide la copulación de “su” hembra con otros machos.
Los animales que poseen un
alto grado de fidelidad, son: el cisne, los albatros, las tórtolas, las
lechuzas, los gansos, el cóndor, la grulla, el águila o el buitre, ellos se
juran amor eterno. Yo me quedo con un ave o con el pingüino, mi instinto animal
en el arte de amar, va por ese lado.
Inevitablemente no soy
animal, soy humana y estoy obligada a estar con un humano, porque si no caería
en una especie de anomalía sexual. Pero no todo está perdido, hay buenas
noticias y es que el amor no se ha extinguido en los humanos, buscando bien y
con lupa, se puede encontrar, sentir y vivir como pinguinos, para toda la vida.
"Hay
dos cosas que nadie puede ocultar: que se está borracho o que se está
enamorado".
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