Recuerdo que hace muchos años,
cuando daba mucha importancia a ciertas cosas, las previas a año nuevo eran de
éxtasis por querer resaltar en alguna de esas fiestas, en donde emborracharse y
quedarse sin dinero, era la peor resaca. Mi mejor amiga siempre le ponía títulos
a los años. Por ejemplo, el 2011 fue el año de la honestidad y el 2012 fue el
año del amor. A mí siempre me hicieron gracia este tipo de buenos propósitos
generados por la euforia de la llegada de los nuevos 365 días, por el cierto
grado de autoevaluación y catarsis de lo vivido durante el año que queda atrás.
Nunca me fijé si en realidad se cumplieron alguna vez; sin embargo, sí creo que
eran producto de esa listita imaginaria de lo vivido, lo bueno y lo malo.
Recordar esa lejana costumbre de mi querida Pamela, que en paz descanse, me ha
hecho elaborar por primera vez una propia. Lejos de querer hacer una especie de
ránking, ahí va mi breve paso por el 2014.
Si tuviera que definir el 2014 sería, en definitiva, el año de los cambios. Para mi absoluta sorpresa, creo que salvo unas cuantas excepciones, la mayor parte fueron positivos, por más que el paso de estos doce meses, (rápidos pero intensos), haya sido todo un reto.
Comencé
el año de retorno en mi enigmática Ciudad de las Palmeras “Tarapoto”, a la que acudí
para cicatrizar las heridas de varios golpes recibidos el año anterior y
comenzar a escribir una página en blanco, con el entusiasmo de que ese cambio
genere en mí, grandes satisfacciones.
Llegué
más entera, con recuerdos atesorados, playas visitadas, conversaciones
interminables, risas y una que otra tontería a media. La adaptación a mi nueva
vida sola, fue complicada y entusiasta,
sin embargo, a pocos meses el golpe de dolor vino de otro hombre, este
sí, fundamental en mi vida. La muerte de mi tío abuelo hizo del mes de Mayo, de
manera irónica, el mes más largo y triste del año. Pero como toda partida trae
una nueva llegada, aparecieron uno a una los cambios laborales y los retos bien
marcados para cumplir.
Con
aroma a café, fue un medio y una conexión que me dio estabilidad, fue este espacio
que cambió una parte de mi vida de pronto, por sorpresa y por completo. Salí de
mi silencio habitual para hablar de una parte esencial de mi vida (y la de
todos, creo): las relaciones de pareja. Y si hablamos de relaciones, la suya,
estimados lectores, ha sido una compañía incomparable, que llegó a excitar mi
alma y todo mi ser.
Uno
de los hits de 2014, ha sido perder grandes amistades y conocer nuevas personas
que traían con ellos una gran amistad, esas que extrañaba tanto desde mis años
en Trujillo. Ahora, sé que cuento con verdaderos amigos aquí también; los de
duración garantizada, los de las risas y llantos, los de psicología
improvisada, los doctores de mentira en casos de emergencia, los de las peleas,
conversaciones interminables y anécdotas para reír después.
Y
claro, también están los chicos que conocí. El que tapó el sol con un dedo para
que no me cegara con mi propios miedos, y me dejara conocer y querer; el que
una tarde de paseo me enseñó que la vida puede estar llena de momentos
maravillosos si uno está dispuesto a vivirlos. Y ahora sé que estoy más que
dispuesta, pues emocionalmente mis sentimientos han madurado y estoy
conservando como mi mejor reliquia, a una persona muy especial, quizás la mejor
en mi vida.
Agradezco
a cada una de las personas que se han quedado conmigo, aquellos que con su sola
presencia me invitan a vivir momentos y a los que a pesar de mis grandes
defectos, aprendieron a amarme con todo el paquete incluido.
2014,
mi año de cambios, fue sin duda ese torbellino de decisiones y pasiones, que
así como me hicieron tocar fondo, me elevaron hasta la parte más alta del
cerro, casi, casi, por las nubes. Y aquí estoy con nuevos proyectos, nuevos
retos, nuevos sentimientos y con las ganas de hacer todo lo posible para seguir
en pie.
NADIE
ME QUITA LO BAILADO, a pesar de las metidas de pata y la larga lista de errores
que cometí, siento cierto orgullo por haber llegado hasta aquí; con todo un
álbum lleno de experiencias, recuerdos y presencias, que forman parte de mi
interior ( y que muchas veces fueron el empuje que se necesita para no dejar de
sonreír y, de paso, sacarle la vuelta al miedo y la tristeza), de esa parte de mí
que quiere que el próximo sea un verdadero año nuevo…..
Este 2015 será CON
AROMA A CAFÉ……
¡FELIZ AÑO NUEVO!
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