Desde niñas crecemos con la idea de que no hacer
ruido en la mesa es sinónimo de respeto, que las faldas largas significan
decencia, que llegar antes de las doce de la noche a casa, demuestra que eres
una “niña de bien” y que esperar al matrimonio para entregarte es lo
correcto, porque si no se convierte en “pecado”.
Ahora…en la realidad ¿qué pasa?, nada de lo mencionado anteriormente determina tu vida, tus
estudios, tu profesión, tu trabajo o tu vida amorosa.
En una relación sentimental de adolescentes y
jóvenes, dónde ya han aparecido las caricias, besos, coqueteos, donde ya no se
puede controlar esos impulsos y se entrega “lo más preciado” como diría mi
abuelita… ¿Vuelve a ser lo mismo lo que hasta ese entonces se construyó? ¿El interés
se esfuma o incrementa?, se deja de ser señorita para convertirse en “una más
del montón”, se deja de ser especial para ser la “que cayó”.
Siempre han existido mitos o falsas creencias sobre la sexualidad, que
además de ser fuertemente difundidas entre todos y todas, forman parte de una
cultura que determina en mucho el comportamiento sexual.
El asunto
está en que la información sobre sexo y sexualidad sigue siendo considerada
como “mala”, lo que ocasiona que provenga de muchas fuentes, que en general no
son confiables, porque las personas que la transmiten tienen información
equivocada y manejan muchos temores, mitos o tabúes, lo que es normal hasta
cierto punto, dado que muchas culturas, familias y religiones consideran que el
hablar de sexo es asunto prohibido.
¿Cuál es la contraparte del tesorito escondido
llamado virginidad?
Una
jovencita californiana de 22 años, Natalie Dylan, se le ocurrió una gran idea
“decidió subastar su virginidad por internet para pagar sus estudios
universitarios”. La idea fue inducida por su hermana, quien pagó su educación
trabajando como prostituta.
El gran
esfuerzo o el premio por conseguir ser el primer hombre en la vida de esta
mujer logró los 3.7 millones de dólares. El postor fue un australiano
divorciado. El hombre tuvo que dar un adelanto del dinero que pagaría
finalmente y cuando llegó el momento de hacer efectiva su compra solucionó sus
problemas conyugales y volvió con su esposa. El dinero que ya había entregado
quedó en manos de la joven.
Dylan
puso el tema de la virginidad en boca de todo el mundo. Algunos a favor, otros
en contra, su fama fue tanta que tuvo presencia en varios programas de
televisión, portada de revistas y hasta modificó su look recatado a una versión
más sexy para conseguir su objetivo.
La
situación escandalizó a los padres de las niñas norteamericanas que realizan el
“Baile de la castidad”, una práctica que ya lleva más de 10 años en
funcionamiento.
La
ceremonia se efectúa en 48 estados de Norteamerica. Consiste en un baile donde
las adolescentes le entregan su pureza a su padre, y prometen ser vírgenes
hasta el matrimonio. Las jovencitas exhiben camisetas con lemas como “Ser
virgen es cool” o “El amor espera”, y lo hacen con orgullo. Además, cada una
lleva en un teléfono móvil un emoticón que la identifica como miembro del club
de castidad.
Pero
ser virgen no es sólo una moda entre estas agrupaciones cristianas.
Britney
Spears y Jessica Simpson fueron algunas de las estrellas que en su
adolescencia no sólo se proclamaron vírgenes, sino que advirtieron que
llegarían así al matrimonio, promesa que no cumplieron. Y por mucho tiempo
fueron la imagen a seguir de muchas adolescentes fanáticas de su música. Gran
error y pobres adolescentes.
Catarina
Migliorini, estudiante brasileña de 20 años ofreció su virginidad a través de
una subasta internacional por Internet. Un japonés llamado Natsu pagó la suma de 780.000 dólares.
La joven fue traslada de Australia a EE.UU a bordo de un avión. También
fue entrevistada como parte del proyecto documental que contó la historia de la
joven antes y después de su primera experiencia sexual.
La virginidad dio un giro de 360°, sin duda nos deja con la boca abierta. La ilusión y la entrega de lo más preciado a alguien especial en un ambiente cálido, romántico y como acto de amor, ha quedado atrás, se ha desplazado y reemplazado por la aventura, el dinero, el lujo, el sentirse como un objeto sexual y de subasta, donde no uno, sino varios de los hombres más millonarios “invierten” su dinero, en algo que para ellos les devolverá la virilidad y el premio de ser los primeros, algo que se resume a una obsesión de obtener algo como calidad de exclusividad y las ansias de mujeres que sólo piensan en dinero, erotismo y aventura.
Fiebre,
moda o simple coyuntura
“Bailes de castidad, mujeres que subastan
su virginidad. Se puso de moda. El tabú
se convirtió en dólares”
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