Acudir o no a las urnas es la orientación que cada
ciudadano dará a su sufragio, es decir, ¿por qué candidato o partido votará? Normalmente,
distintos ciudadanos pueden votar por el mismo partido o candidato pero a
partir de motivos considerablemente diferentes. Pueden además combinarse varias
razones en el mismo elector que lo inclinen a emitir su voto en cierta
dirección. En general, se considera que el sufragio de los ciudadanos está
orientado por un principio de racionalidad individual, es decir, el elector
votará por la opción que, según su cálculo personal, mejorará su propia
situación económica, social, familiar, etc.
Sin embargo, se sabe que muchas veces los ciudadanos
deciden a partir de elementos no suficientemente consistentes o abiertamente
superficiales. En tal caso, se encuentran razones como:
a)
Es el partido por el que votan los padres (suele haber una importante relación directa entre la filiación
partidaria individual y la que tenían o tienen los padres).
b)
El candidato es más atractivo
(a veces sólo físicamente). Los expertos norteamericanos sobre publicidad
política señalan que, en promedio, el atractivo físico ha sido un elemento que
ha ganado peso en la decisión de los electores. Incluso sospechan que, en las
condiciones actuales, Abraham Lincoln difícilmente hubiera sido electo como
presidente de la Unión Americana.
c)
En el debate público, el candidato
electo se ve más elegante, limpio, o se expresa mejor (por ejemplo, diversos
especialistas señalan que Richard Nixon perdió frente a John F. Kennedy, en
1960, por haber asistido al primer debate televisivo de Estados Unidos
desaliñado y sin haberse rasurado debidamente).
d)
Es el partido que siempre gana
(en el caso de partidos dominantes, en los que gana el mismo partido durante un
amplio periodo, como en Japón, India o Suecia).
También es necesario distinguir entre el electorado “comprometido
ideológicamente” y el electorado "flotante". El primero es aquel que
siempre y bajo cualquier circunstancia vota por el partido con el cual se
identifica ideológicamente, y que por lo mismo cree que refleja mejor sus
convicciones y promueve sus intereses.
El electorado "flotante" es aquel que no
siente el menor compromiso ideológico con ningún partido y que emite su voto en
cada elección a partir de lo que los distintos aspirantes ofrecen. Esta
situación es la que más se parece a lo que ha sido definido como "mercado
electoral", en el que los votos se orientan a partir de la oferta y
demanda políticas de candidatos y electores.
Existe una amplia franja de votantes intermedios,
los cuales aunque expresen una preferencia específica por algún partido pueden votar
por otro, según las circunstancias y la calidad de los candidatos en contienda.
La mayor parte del electorado se ubica todavía en esta categoría.
Así, en los
comicios norteamericanos de 1988 numerosos demócratas votaron por el candidato
republicano, George Bush, pues estaban de acuerdo con la política económica que
había seguido su antecesor en la Casa Blanca, Ronald Reagan, también del
Partido Republicano. En contraparte, cuando la economía empezó a fallar durante
el gobierno de Bush, muchos republicanos declarados sufragaron, sin embargo,
por el candidato demócrata, William Clinton, en 1992. Con ello reconocían el
fracaso en la política económica de su partido, y optaron por cambiar el rumbo
a través del partido rival.
Por otro lado ¿qué sucede con los ciudadanos que en
definitiva tienen desinterés en los actos electorales? Sin duda el panorama es
amplio y la ciudadanía va teniendo
desmotivación para poner el dedo sobre la tinta y sufragar por el candidato que
está completamente seguro que generará
un cambio. El dedito sin duda es milagroso para definir las elecciones, pero si
éste se queda estático o indeciso, no se puede ejercer un proceso electoral
legítimo y por ende quien queda como representante se la lleva fácil.
Aún
existe mucho desinterés para emitir un voto en este proceso electoral,
simplemente porque de verdad no les interesa el rumbo de nuestra sociedad,
porque no creen en nada de lo que "prometen" los candidatos o porque
simplemente no se sienten parte de éste acto que debería ser una acción pública
y ética y no sólo un circo para los partidos políticos cada 5 años.
Es necesario estar empapados de lo que está aconteciendo,
de las movidas políticas, pero eso sí, la ciudadanía necesita saber qué
proponen y cómo ejecutarán lo que prometen. Pues estamos cansados de ver a los
candidatos hacer una escena de una película barata, hacerse los buenos, regalar
y regalar para emitir una imagen bondadosa o de hacerse los serios, incapaces
de robar o de mentir.
En los actos electorales y en la Política misma, hay
mucho por trabajar….
“De golpe
se acercan unas elecciones y no sabes a quién votar. Sé lo que no quiero votar,
pero lo que quiero votar no lo veo. Eso produce una impotencia enorme y los
políticos deberían darse por aludidos”.
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