“No soy promiscua, ni homosexual y mucho menos trabajadora sexual, sin
embargo tener mis 24 horas de shock y
pánico cuando 3 palabras me desbarataron “puedes tener VIH”, 5 segundos que hicieron flashback
en mi vida, miedo a perder mi futuro, no porque mi pasado me condene, sino
porque esas palabras salieron de un supuesto “buen doctor”, tipejo que de eso sólo
tiene el mandil. ¿Dónde está la ética? ¿Dónde está el profesionalismo? ¿Dónde
queda la buena práctica de la salud pública y privada?”. Nunca tuve VIH, salió
no reactivo, simplemente tenía parásitos…. (Carla, 26 años).
Si Carla no hubiese tenido un
nivel emocional y cognoscitivo suficiente para afrontar una posible enfermedad
que pudo contraer por muchos motivos, su historia hubiese sido otra, depresión
o hasta atentar contra su vida, el resultado fue negativo pero las 24 horas de
desesperación y de sentirse en limbo le generaron un revolcón de sentimientos.
A partir de esto, y haciendo recapitulación, me doy cuenta que hay un gran
número de personas que tras acudir al doctor por un síntoma, desesperante o
desapercibido, son diagnosticados con un posible contagio de VIH, el problema
no radica ahí, el problema radica en que no hay un buen manejo con el protocolo
formal de contagio de VIH, consejería y otros pasos necesarios para que los
derechos de las personas no sean vulnerados.
El caso de Carla, es un claro
ejemplo de cómo la práctica de la salud
está siendo totalmente vulnerada, pues queda, donde empieza, al parecer
a este doctor, sólo le enseñaron a jugar los dados y poner en un hilo la suerte
y la vida. Muchas personas tras recibir este diagnóstico, sin antecedentes, sin
verificar los principales síntomas que aquejan, son brutal y secamente
violentados emocionalmente, no tienen contacto con Consejería de VIH, se realizan los análisis de
sangre y se les entrega los resultados sin ningún seguimiento de cuidado para
enfrentar las consecuencias y el impacto de estos resultados.
Por muchos años, ser homosexual era sinónimo de “lepra”, porque
eran ellos los supuestos portadores de VIH, que su opción sexual les heredaba
ese causal, siendo totalmente discriminados. Ser trabajadora sexual, como tener
una vida promiscua, se consideraba suficiente para tener adjetivos como “puta”
“fácil” “sidosa”, eso incluía tener que aceptar que esa promiscuidad entraba al
saco de la tan temida enfermedad que ocasiona muerte, la muerte social.
¿Qué beneficios nos brindan en
Salud?, ninguna. Nunca he sido partícipe de acudir al hospital por más que
tenga todos los síntomas de la gripe amarilla o hasta tifoidea, las únicas
veces que acudí es cuando la crisis de asma me quería matar, por otros motivos,
no. Mediáticamente millones de casos no sólo en Tarapoto, sino en todo el Perú
son alarmantes y han vuelto a los hospitales como limbos muy parecidos como a
los de la Divina Comedia, planteados como demonios, en los que si sales vivo,
es por pura suerte.
Planteado de este punto de vista,
los doctores, no todos claro está, son vistos como parásitos, sí, esos que te
carcomen por dentro, se alimentan, se reproducen hasta que te matan. Ir a un
hospital a ser atendida supuestamente por un profesional de la salud totalmente
capacitado es 0 % seguro, tener que ir a dar a luz y terminar muerta, ir por un
dolor de dientes y terminar con infección generalizada, donar sangre y terminar
con VIH, ir con gripe y ser contagia por bacterias mortales; esto nos lleva a
tener un análisis, preocuparnos, alertarnos y tener miedo de no saber a dónde ir para no salir lastimados
o quizás muertos.
En Tarapoto no nos libramos de
esto, no es sólo aguantar, la prepotencia de los doctores, sus aires de
creídos, de saberlo todo y fregarlo todo. Así como con Carla que fue enviada a
hacerse exámenes de VIH cuando los síntomas y lo que tenía en realidad eran
simples parásitos. ¿Dónde queda los sentimientos de esta mujer, la crisis y la
vergüenza que sufrió? y todo esto públicamente en el Área de Infectología, en
despistaje de Dengue. No es una locura, es una realidad.
Un suicidio no siempre es ocasionado
por cuestiones amorosas, decepciones, hay casos como Jorge Neyra, (34 años,
Trujillo), que al acudir con una herida que no cerraba en la pierna izquierda,
fue automática y públicamente detectado como un posible caso de VIH, sin
consejería, sin nada y con 3 días de dura angustia, se terminó suicidando.
Un llamado a las entidades
encargadas de casos de salud pública y privada, para poder tener un filtro de
doctores que estén altamente capacitados de manera profesional, ética y
humanista para poder ejercer su labor. Existe una crisis de profesionales,
porque las universidades a nivel nacional egresan jóvenes que sirven sólo de
nombre, porque si hablamos de un 100 %, sólo el 20% son profesionales de
calidad y vocación.
Estamos llenos de parásitos internos
y varios vestidos de “blanco” que están
en consultorios en hospital públicos y clínicas privadas. No es el VIH que causa terror, sino los parásitos a los que
estamos expuestos.
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