Todo
tiene un comienzo, ese incendio se inicia con una chispa. Algo insignificante
puede desencadenar la peor de las explosiones. La dosis siempre es picante y en
exceso, desde un pensamiento en nuestra mente, hasta esas ganas de matar al
sentirse descubierto. Algunos le temen, a otros les atrae, unos cuantos le
agarran el gusto. Entre sábanas o no, lo prohibido y oculto, resuelta ser el
juego más peligroso y seductor.
“No
desearás la mujer de tu prójimo”, ordena uno de los diez mandamientos que Dios
entregó a Moisés. En la vida de muchos existe, existió o existirá la
infidelidad. Y, aunque algunos quieran hacer parecer que no, su jardín está
decorado con más flores que un cementerio.
Los
cuernos están de moda, hace unas semanas disfruté de unos verdaderos diablos
con cuernos, llevaron mi adrenalina al máximo. Ellos estaban orgullosos de sus
cuernos y eso me encantaba, porque como dijo Freud: “Todos somos polígamos
reprimidos” y ellos no estaban reprimidos, estaban libres y contentos. Fue a
partir de ese momento que las ganas de escribir sobre los cuernos aparecieron
de inmediato, porque un hombre sin cuernos, es un jardín sin flores.
“Plata,
mujer y cuerno nunca deben faltar a un hombre” alardean orgullosamente hombres
y mujeres en varias partes de la Amazonía, como si eso fuese un trofeo que
exhibir. Cómo cambiaron las cosas, pues desde siempre la infidelidad femenina
fue satanizada. El hombre podía tener no una, sino varias canitas al aire, pues
era considerado el macho, sin embargo la mujer era humillada, maltratada, castigada y hasta asesinada.
Babadun
Network, refiere que en algunas culturas del mundo la infidelidad es
considerada el “delito mayor” y por lo mismo, las autoridades permitían que se
realicen castigos horribles en contra de las mujeres “adúlteras” que
obedecieron sus instintos. Eran obligadas a bañarse en vinagre para que
el cuerpo se les hinchara y los hombres pudieran
golpearlas. La mujer infiel era obligada a tener relaciones con elefantes y
después del abuso era descuartizada y usada como alimento para esos mismos
animales. En las regiones más radicales de pueblo islámico, las mujeres
infieles son enterradas desde el abdomen hasta los pies, dejándolas inmóviles,
luego el pueblo entero arrojaba piedras sobre el rostro y pecho, hasta quitarle
la vida.
Es
un asunto viejo y polémico como tú o como yo. Sebastián de Covarrubias,
sostiene que Mercurio, el mensajero de los dioses se convirtió en un cabrón “el
macho de la cabra” para seducir a Penélope, la mujer de Ulises, que es el
símbolo universal de la fidelidad. Por eso, en el idioma español se le conoce
vulgarmente como “cabrón” al hombre que consiente el engaño de su mujer.
Un
estudio evidencia que la infidelidad tiene su origen en los primates. La
investigación evidenció que las chimpancés mantenían relaciones sexuales con
muchos machos para confundirlos y con ello evitar que fueran capaces de
distinguir a sus crías de las que no les pertenecían. De esta manera lograban impedir
la matanza de su propia descendencia. Sin embargo, no todos los primates fueron
capaces de ser fieles los unos con los otros y con frecuencia preferían la
variedad, señalan los expertos Lucas y Huchard.
Y
así, los cuernos están hasta en la sopa, con diferentes nombres y matices, por
ejemplo, cuando el traicionado es el marido, los chinos lo llaman
diplomáticamente “el hombre del sombrero verde”. Los venezolanos dicen “montar
los cachos”. En Honduras, de la víctima se dice que “le crecieron las espuelas”.
Los chilenos, en cambio, afirman que “le pusieron el gorro”. En México es
“hacer el Sancho”. Argentinos y uruguayos emplean la expresión “meter las
guampas”. Los peruanos son más destructivos, desde “cornudo”, "santo cachón",
“venado” y otros adjetivos, humillan a la víctima, más si se trata de un
hombre, pues el machismo impera en todo el país.
Mientras
tanto nos queda vivir plenamente sin que nos pese la cabeza y sin hacer que
otro sea el nuevo “reno de Papa Noel” durante todo el año.
Cuida
tu jardín, no dejes que otros siembren tus flores ni tampoco regales semillas
donde no hace falta sembrar.
Y
si te crecen, no te asustes. Los cuernos son como los brakets, al principio
incomodan, pero luego te acostumbras, no importa si eres hombre o mujer, si ya
te ha pasado, tranquilo, no es el fin del mundo.
Porque del cuerno y de la muerte, nadie se
escapa…
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