La vida es ese mundo
imaginario que se ha convertido en un espacio caliente, que enciende hasta al
más mínimo de nuestros sentidos. Gritamos, queremos correr, ardemos, vibramos
de dolor. Decir ¡basta! es un llamado de auxilio. Rezar nuestras mejores
plegarias por piedad a la vida, ayuda a mitigar el infierno que hoy se vive.
Resulta irónico escuchar
exclamaciones por agua y por aire, pidiendo que el incandescente sol se mitigue
y que la lluvia abrace nuestra tierra. Buscar un árbol para que nos brinde
sombra, se ha convertido en una búsqueda casi implacable, que en casi todos los
casos, no resulta tener buenos resultados.
Ahora nos acordamos que
tenemos cocos para calmar la sed, que los ríos son un gran beneficio para
refrescar la calentura corporal, que los árboles son la bendición más grande y
que su sombra nos causa la mayor de las satisfacciones. Por si fuera poco,
razonamos que los ojos de agua son tan importantes, que nos causa felicidad
caminar y encontrarnos con uno de ellos, tan refrescantes, tan puros. Contarlo,
parece un sueño.
A diario surgen miles de
conversaciones en el mundo sobre el problema que plantea la escasez de
agua en el mundo. La mayoría dicen que sí, que es un problema, que debemos
pensar en el cambio climático. Hacemos marchas para sensibilizar a las
personas, solamente porque la calentura nos desquicia, pero sin embargo,
nuestro accionar nos vuelve cada vez más salvajes.
San Martín,
es una
urbe donde puede dejar de llover varias semanas o meses, pero de repente cae una
lluvia con “todita su abuelita” y se soluciona, sin embargo nuestra
realidad, ya no es la misma.
Hace días andamos con los
termómetros disparados, intentando dormir bajo el soplo del ventilador. Vivimos
una especie de posesión demoníaca, en que cualquiera de estas madrugadas a más
de 35°, las personas van a salir a las calle con hachas y cuchillos dispuestos
a matarse, mientras pienso en este relato alucinante, saboreo un helado con un
calor como para volver loco a cualquiera.
En efecto, el calor
es una sensación subjetiva, por eso mismo nadie se atreve a comentarme mientras
manejo mi motocicleta “qué buen tiempo hace”. Estos días la estúpida afirmación
de que “en verano siempre hace calor” podría tomarse como una invitación al
asesinato, ya que ni en San Martín existe un verano marcado, ni estamos preparados
para sensaciones subjetivas.
Un pico de 37º no sólo es un hecho objetivo y un record, sino
una señal de alarma, de que realmente todos estamos jodidos. La culpa no es del
cambio climático, la culpa es de las inconscientes actitudes de los seres
humanos, quienes con el pensamiento de que todo es eterno, juegan como niños
con el medio ambiente y con la vida que hay en ella
A muchas personas
les da igual que les expliquen la diferencia abismal entre climatología y
meteorología o que les enseñen la subida brutal de las temperaturas con
gráficos, esquemas, datos y fotos. Ellos son gente de fe, no de ciencia, gente
religiosa y dogmática, y bastante suerte tienen los científicos de hoy en día,
con que sólo se rían de ellos en lugar de quemarlos vivos o ahorcarlos, que es
lo que hubieran hecho hace sólo un par de siglos.
El cambio climático
ha dividido a la humanidad, los que creen que el impacto medio ambiental
provocará en unas pocas décadas una serie de fenómenos atmosféricos que
arrasarán con la vida en el planeta Tierra, y los que viven muy tranquilos con
el aire acondicionado a tope, pensando que el petróleo, los combustibles
fósiles y el agua potable cuentan con reservas ilimitadas.
Aunque acabemos por
poner la atmósfera a cien grados centígrados siempre habrá plantas y animales
que lucharán con fuego y se reproducirán a la plancha. Lo que muy probablemente
concluirá sin vuelta de hoja, es la vida inteligente sobre la superficie
terrestre, la cual resultó tan poco inteligente como para que las únicas
emisiones de CO2 prohibidas a la atmósfera fuesen las de tabaco o de tanto
elemento contaminante.
Según
un informe de 2014 de la Organización Mundial de la Salud (OMS) espera que para
el periodo entre 2030 y 2050 el
cambio climático provoque aproximadamente 250.000 muertes a
causa no solo del estrés térmico,
sino también de la desnutrición, la malaria y
la diarrea. La OMS alarma de que
cada una de las tres últimas décadas ha sido sucesivamente más cálida que
cualquier década anterior desde 1850.
Matamos
todo a nuestro paso, la fauna, la flora y la vida misma…
Vivimos
en un infierno sin codena, sin tregua, sin paz. Nos quemamos vivos, con la
esperanza de un soplo de aire y una gota de agua.
Millones
de personas pueden vivir sin amor, pero ninguna sin agua.
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