Indudablemente los hombres tienen estilos
para caminar por el mundo, algunos son serios, otros son elegantes, otros
desenfadados, otros locos, también están los coquetos, los sexys sin remedio,
los misteriosos y los play boy. Uyyy pero los más peligrosos son los que se creen chuchines, los bacanes, los que todo lo
saben, los que se creen dueños del
mundo, de las flacas y de las demás flacas…
Ésta es la especie humana que anda por la calle al estilo
del galán de hollywood, con pecho inflado,
al estilo del gallo macho de pelea, con la cresta arriba y la cola atrás… listos para atacar, listos
para poner el anzuelo. Salen con el pantalón pegadito, ese pantalón que ciñe su
trasero prominente, aquel cuerpo ya usado en tantas maratones amatorias,
desgastado por la vida y las mujeres, pero valientes, porque como dicen: “el
uso no mata” y como el mundo se va acabar y tienen sed del néctar de amor, salen
al mundo, con sus camisas de colores, algunas a cuadros para llamar la atención
y marearnos, con el peinadito mojado con gel, para que el poco pelo que queda
no se caiga, eso sí, podrán tener la pancita que tengan, pero se creerán sexys, ellos son los machos,
ellos no son los finos metrosexuales, porque saben que el ser el macho de la
jaula, les sirve como mejor arma.
Existen también los pulpines, bien
vividos, de treinta para arriba, su espíritu no va acorde de su edad, ellos
buscan atrapar colores, algunos celestes
y azules como el cielo, otros el sol tan brillante y caluroso, otros cogen
rosas y magnolias, pero para ellos no han distinción, ya que Gloria, María,
Josefina, Vanesa o Pancrasia, entran al ruedo y son bienvenidas, con bufet
incluido y con bastante amor compartido para tener.
Trataré de no herir suceptibilidades
(mentira), de no ser cruel para que no me tilden de feminista, de maldita, de
entrenadora de mujeres, de la culpable de que las demás no crean en ellos, pero
yo sé chicos, que como los desconcentrados, regidores, diseñadores, profesores, periodistas,
ingenieros y todos los hombres con los que me he topado y se han vuelto parte
de los mejores lectores de Con aroma a café, saben que esto que escribo, es
para prevenir a muchas, abrir los ojos a otras, despertar el interés de las que
desean jugar y por supuesto para que ustedes utilicen las mejores tácticas al
momento de joder la vida a una , perdón, de enamorar. Irónicamente, sé que a
pesar de que los esté atacando, se están riendo, se creerán chuchines, algunos intentarán ser pulpines, pero se caerán en el intento, porque tener
cuarenta y creerse de 16 años, no tendrá éxito.
Me río en sus caras chuchines y pulpines, el contar que tuvieron 50 o 60 mujeres en su
trayectoria de embotamiento de carne camuflada en minifaldas andantes, no es un
premio. Ser el mejor conquistador, no es un privilegio, computarse el papiriqui
por compartir flaca con sus patas o turnarse a ver quién gana la apuesta, no es
una virtud que las mujeres pensantes valoremos, no señores de la vida. El que sean chuchines del pueblo, con buen
estómago, es un punto en sus contra para poder salir de casería, pues aunque
deportivamente piensen que son ratitos fugaces, en ocasiones sin alardear
tanto, quienes terminan siendo unas grandes chuchinas, somos nosotras.
Nosotras no necesitamos alardear con cuántos estuvimos
entre sábanas, cuántas victorias carnales ganadas tenemos, ni cuántos números se
triplican para poder decir que somos expertas en este rubro. Nosotras somos
chuchinas, porque palpamos, calculamos, planeamos, actuamos y matamos, no
necesitamos decir qué haremos y con quién lo haremos, simplemente lo hacemos,
comemos y botamos la basura; en ocasiones ustedes terminarán por los suelos y no
sabrán que jugamos, porque simplemente diremos “estoy confundida”, pero es
mentira, porque la estrategia de sobrevivencia carnal, nos ha enseñado a lidiar
con el chuchín, el pulpín, el nerd, el poeta, el profesor, el ingeniero, eso sin
necesidad de decir que ellos son los hombres de nuestras vidas. Ustedes cometen
este gran error, porque prometen bajar todo el firmamento y a las finales lo
único que bajan es su propio autoestima al sentirse utilizados, pero ojo, eso
nunca lo admitirán, porque ustedes son los chuchines, así que dirán que son los
jugadores de moda, los que no se enamoran y en las canchas solo disfrutan del
juego, cambian de pelota y hasta incluyen árbitro en la cancha.
Arranca nomas chuchín aprendiz, sigue nomas tío pulpín,
no se crean jugadores, para serlo se requiere de mucha estrategia y ustedes no
lo tienen.
Nosotras matamos y si no matamos mandamos a matar….somos
el antídoto y veneno a la vez…. ¿ustedes podrán?
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