Me levanté motivada, tenía que ser un día estupendo, “la
vida es bella” pensaba, mientras tarareaba la canción “Ella” del grupo BEBE. Sin
embargo al salir de casa la realidad era otra, una vecina era violentada. Así
empezó el 25 de Noviembre “Día de la
eliminación de la violencia contra la mujer”.
Escalofriantemente La Comisión Económica
para América Latina y el Caribe (CEPAL) reveló que el
Perú está como segundo lugar en tener mayor registro de muertes por feminicidios,
10 millones de mujeres peruanas mueren en silencio, el acoso callejero va
ganando poder y generando temor al salir de casa.
Está latente la violencia contra la mujer y muchos aún
lo consideran como un “mal menor”. No sólo pongamos nuestros ojos en la
violencia física, “Si nos gritan: somos
mujeres maltratadas psicológicamente”
“Deja de coquetear, estás en busca de otro
hombre” (¿Desde cuándo no puedo saludar a mis amigos?), “Qué rica que estás mamacita” (¿En serio
ese cochino piensa que me halagan sus palabras), “¿te vas a vestir así?” (Sí, yo me visto como me da la gana), “¿qué es eso? estás como un cerdo” (se
llama grasa ¿y? ¿Te has mirado tú primero a un espejo antes de rebajarme de esa
manera?), “eres una bruta” (Si
eres tan inteligente, ¿qué haces tú con una bruta?), “no me toques” (¿Desde cuándo te convertiste en una especie
de Buda?, “yo siempre tengo la razón”
(ah ¿sí? ¿Quién te mal informó al respecto?), “tú
tienes la culpa de todo” (La única culpa que tengo es la de estar acá
parada dejándome humillar), “te encanta
sufrir ¿no?” (¡Por supuesto que no!), “Eres
una ninfómana” (No, soy una mujer con un deseo sexual normal), “si no quieres sexo, eres una frígida”
(Sí quiero, pero no contigo), “hoy no quiero
verte” (¿Me has preguntado si yo quiero verte o es que para ti soy tan
nula que mis deseos no existen?), “tú
nunca me vas a dejar” (¿Cómo sabes que un día no voy a abrir los ojos?),
“nadie más te va a querer” (jajaja,
eso es lo que tú crees), “siempre me pones de mal humor” (¿Desde
cuándo tus emociones son mi responsabilidad? Me basta y sobra con las mías), “pareces una loca” (Seguro, por seguir
contigo), “me malograste el día”
(Y mi día ¿no cuenta?, mejor dicho, y mi vida ¿no cuenta?)… PERO ESO SÍ, MI AMOR, TE QUIERO… Ah
¿sí? No pues, no me quieres un carajo.
¿Sabes por qué?, porque NO ME RESPETAS.
Pero ahí están, ellas, las respuestas se quedan en
paréntesis, en silencio, dejando que las maten emocionalmente, siguen al lado
del agresor, por no querer estar solas, por estar enamoradas, por miedo al qué
dirán, por mantener las falsas apariencias, por no querer que su familia o
amigos las odien, porque da vergüenza admitirlo, porque lo queramos o no
vivimos en una sociedad a la que le gusta esconder la basura debajo de la
alfombra.
La ingrata y cruel sorpresa es que las estadísticas
del maltrato (además de ser el pan de cada día), son las mismas que las del
silencio. ¿Saben qué es lo peor de la violencia psicológica? que no se nota, a
veces, ni si quiera en la intimidad. Y lo más maquiavélico aún, es que esa es
la estrategia del agresor.
“El maltrato
psicológico se suele manifestar como un largo proceso en donde la víctima no
aprecia cómo el agresor vulnera sus derechos, cómo le falta al respeto, la
humilla y la víctima va progresivamente perdiendo autoestima y seguridad en sí
misma” (Psicóloga Vega Funes).
Uno de los daños que causa este tipo de maltrato, es
el silencio, porque la persona maltratada es una persona que se va anulando con
el tiempo; es una persona temerosa que ve su autoestima socavada cada día; es
una persona que siente que “esto” sólo le pasa a ella. Y la verdad, termina
sintiéndose “tan poca cosa” que cree que se merece al pobre inseguro, ególatra,
malvado, zángano que tiene al costado y que nadie más la va a querer.
Ya basta de llorar a escondidas, de hablar sin que
nadie escuche, de no estar informadas, de no pedir ayuda, de sentir que somos
las culpables de todo. Las relaciones son de a dos. El 50% es responsabilidad
del otro, aun cuando este manipulador te diga lo contrario.
Tengo que decir, además, que el maltrato no tiene
sexo, pero las estadísticas se van para el lado de las mujeres.
Mientras escribo, pienso cuántas y cuántos están pasando por algo así o peor,
pienso en mis sobrinas, primas y en mis futuras hijas, ya que el maltrato
psicológico sólo es el tobogán para llegar a la violencia física y terminar en
un ataúd, como una cifra más de feminicidio.
¡Rompamos el maldito silencio!
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