Me podrán decir engreída o chocha,
pero siempre he pensado que las fechas importantes se celebran, punto; y
para mí, acercarme a ese día tan especial, convierte a mis pequeños
cosmos no sólo en entrañables, sino en increíbles. ¿Saben por qué?
Porque, a pesar de ser tildada como “feminista” despectivamente, he
logrado ganarme el respeto y admiración de muchos, he descubierto que,
sin buscar, he encontrado un poco y mucho de todo aquello que al
principio repudiaba, que aunque me mantengo firme en mi voz y voto,
aprendí a conocer en amplitud la sociedad misma, a los jergoneros,
intelectuales, recatados, desinhibidos, llullamperos (mujeriegos),
fieles, mentirosos y a los que dicen la verdad. Muchas mujeres se
soltaron después de leer mis artículos y muchos hombres se jalaron de
los pelos (si es que tenían) por sentirse descubiertos, asediados y
abollados por una mujer.
Queridos lectores, mis amantes durante
este año son ustedes, mi novio en cuestión se lleva la “medalla de oro”
por tener que entenderme (a regañadientas o no), pero el amor todo lo
puede, así que se ha dado el milagro. Muchos dirán, “pobre hombre”, pues
no, dichoso y bendito él. Pero volvamos a ustedes, les digo que han
sido mis amantes, porque una vez a la semana he desnudado mi vida ante
sus ojos, en una esquina de una página podíamos citarnos y amarnos entre
letras. Se nos hizo costumbre y amor a la vez, así por doce meses “Con
aroma a Café” los deleitó con su fragancia y poco a poco hizo que se
vuelvan adictos a este café.
Estuve pensando por varios días, qué
podía escribir hoy. Y me di cuenta que esta columna ha sido una relación
que se asemeja a lo que uno vive al lado de una pareja. Con algunos de
ustedes nos conocimos desde la primera publicación, con otros desde el
último, con muchos nos descubrimos de a pocos. Y aunque sea yo quien
escriba y ustedes quienes leen, esta jamás ha sido una relación
unilateral. Cada comentario o cada no comentario ha sido lo que el otro
da. Dar es lo mejor cuando uno está con alguien. Dar amor, confianza,
seguridad, honestidad y fidelidad, todo eso que requiere el amor para
que sea verdadero. Eso es lo que he recibido de ustedes.
No conozco sus caras, sus nombres
verdaderos, dónde viven, si les han roto el corazón alguna vez, si son
felices, cómo pasan sus días, el sonido de sus voces, de su risa, sin
embargo, a través de sus palabras los he podido ir conociendo y
guardándolos en mi cajita de pandora.
Y bueno, ha habido y ha pasado de todo.
Hemos discutido, hemos estado de acuerdo y también en desacuerdos de la
patada. Nos hemos peleado, otros (por lo general hombres) se han picado
en temas que les ha dado sarpullido. Con otros y otras, hemos llegado,
pienso yo a entendernos muy bien. Y una de las mejores cosas, ha sido
poder aprender.
Si nunca lo dije antes, este año ha sido
muy duro para mí y esta columna fue una manera de catarsis, de poner en
orden mis propios pensamientos, de reflexionar a la fuerza sobre muchos
temas, de romper mi silencio habitual para compartir con ustedes, desde
anécdotas superficiales, hasta sacar a la luz mi voz en letras frente a
temas, desde política hasta economía.
Sus comentarios se convirtieron en una
presencia constante, en esa compañía que tanto necesitaba. Al leer sus
mensajes empecé a descubrir que muchos de ustedes habían pasado por lo
mismo, que de algún modo se sentían identificados con lo que escribía.
En algunas ocasiones me contaron sus propias experiencias y se
desahogaron. Todo ello fue y es una almohadita, que ahora se ha
convertido en un colchón de tres plazas, en donde puedo apoyarme y
seguir delante; así funciona la vida; de frente, nunca para atrás.
Con ustedes abrí mi corazón de nuevo, es
más, lo tengo abierto. Por eso les doy las gracias. Por haberme hecho
recordar cada semana que la bondad existe en muchas personas, que las
mujeres y los hombres tienen las mismas oportunidades y que lo que
escribo nos une en un sentimiento real.
No me queda más que decirles: soplemos
la velita roja que dice “uno” y digamos ¡Feliz Aniversario Con aroma a
café! Al no poder compartir en la realidad un pedazo de la torta que con
mucho cariño y chochería lo mandé a hacer, los invito a darle una
mordida imaginaria y a tener un pensamiento bonito, un recuerdo, un
sueño, algo que los alegre o que los haga sonreír. Ese es mi pequeño,
humilde y sencillo regalo. Les prometo hacer lo mismo y seguir
escribiendo.
FELIZ ANIVERSARIO CON AROMA A CAFÉ
Yo voy a pedir un deseo y ¿tú?…
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