AKRA

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viernes, 22 de agosto de 2014

¿Amigos con beneficios a qué?

A algunos puede parecerles una locura; a otros, una solución. Nos referimos al “amigo con beneficios”, personaje muy de moda en nuestros días. Quizá sólo se han confundido los papeles o quizá, como ya hemos dicho, es sólo cuestión de moda. En todo caso, esta moda no parece tener fecha de caducidad.

Alguna vez hemos visto por allí a dos amigos tomados de las manos, abrazados o en actitudes propias de una relación de enamorados. Pero no, falsa alarma, son sólo “amigos cariñosos”, que se autoproclaman “solteritos sin compromiso”, pero que se brindan “exclusividad”.

Esta moda no es exclusiva de los jóvenes -que como podría pensarse están en la “onda free” de pasarla bien y nada más-. Para nada. Esta relación existe también en adolescentes, adultos y hasta ancianos, que se supone ya pasaron por la etapa de la diversión y de la rica vida de experimentar locamente.

Para los “amigos cariñosos” valen besos, caricias por aquí, caricias por allá y sobre todo el sexo -que predomina-, pues este tipo de relación es más pasional que amorosa, debido a lo cual incluye los celos y las antipáticas escenitas de pertenencia. En fin, resulta que estos amiguitos no son pareja.

Las personas incurren en este tipo de relación por el miedo a comprometerse, a la soledad o a experimentar –o volver a experimentar-  el dolor de una ruptura. Por lo general, los participantes sólo pretenden divertirse.

Ahora, una relación de amigos cariñosos que abarca lo “free” no puede funcionar si una de las partes involucra sentimientos amorosos. Cuando uno de los dos se “engancha” -a pesar del acuerdo inicial propio de este tipo de relaciones-, eso concluye el juego del tira y afloja.

Si desde el principio de la relación de “amigos cariñosos” se da un pacto, ¿por qué en no pocos casos se involucra al corazón? Simplemente por la cercanía constante, que  causa el surgir de sentimientos que se pretendía excluir en este proceso de sólo pasarla bien. ¿Cómo no desarrollar un sentimiento amoroso hacia la persona con la que -más allá de sentirte atraído sexualmente- te diviertes, compartes tus secretos y desarrollas confianza, con la que ríes y quizá lloras, con aquella que compartes parte de tu vida? A menos que tengas corazón de piedra y alma de hierro, es inevitable desarrollar por ella más que un cariño de amigos.

¿Qué pasa cuando tú quieres algo más, pero él ya no? Eso es lo que comúnmente pasa, pues el juego que tan atractivo parecía al principio, como todo juguete nuevo, llega a cansar. Desde el momento en que no te toman en cuenta, no vale la pena.

Mi  ex “amigo con beneficios” y yo estábamos desilusionados del amor, pues habíamos vivido cada uno la desdicha y el engaño de personas a las que les dimos una parte de nuestro ser. Así, las invitaciones a comer, saliditas al cine, el compartir secretos y regalarnos fines de semana en los que sólo existíamos él y yo se convirtieron en nuestro pasatiempo favorito.

Con él, las horas eran eternas, pues nos complementábamos. La única forma de estar bien era refugiándonos el uno en el otro. Una caricia, momentos eternos, confianza, risas y alegrías compartidas era un todo que hacía única la forma en la que solíamos llevarnos.

Un beso y otro beso más. Estúpidamente pensaba que él era lo mejor que me había pasado. Y, como un imán, eso atraía más y más.

Al principio se piensa que este tipo de relaciones es algo con lo que se puede lidiar y te sientes capaz de manejar la situación, pero con el tiempo todo se torna más complicado, pues me preguntaba qué éramos. Él nunca decía nada, tan sólo “te quiero”, “nos llevamos muy bien”, “eres mi amiga” y “eres lo máximo”.

Transcurrió el tiempo. Pasaron ocho, nueve meses, lapso durante el cual le entregué la mitad de mi vida, todo mi ser sin pedir más que su cariño y su “exclusividad”, que creía poseer. No era cierto, pues no se puede pretender que el “mejor amigo” sea fiel.

Recuerdo días en que todo era perfecto y yo le preguntaba por qué no lo intentábamos. Con un beso y la sonrisa dulce y pícara con que solía regalarme, el Don Juan respondía: “estamos bien”, “no estoy preparado”, “pero sabes que te quiero mucho”. Me sentía una estúpida, porque a pesar de escuchar eso seguía con él. Y lo peor es que me encantaba estar encantada con los espejismos que me regalaba.

Lo sentía muy mío y en realidad todo era como si fuéramos una “pareja formal”. Sólo faltaba el título, pero en definitiva yo no estaba en el futuro de él y, si lo estaba, era como su mejor amiga, con la que compartía momentos únicos.

Yo empezaba a exigir más, a reclamar, a pedir explicaciones y, por supuesto, mis celos salían a relucir exageradamente. Aún era un volcán de amor y la comprensión se esfumaba de mí. No podía entender que no era que él no estuviese preparado para una relación formal sino que, simplemente, no quería involucrarse ni asumir compromisos.

Y él seguía siendo mi amante, mi amigo y el pendejo de mi vida…hasta que -como todo lo que empieza acaba- esto terminó de la peor forma. De todos modos agradezco la experiencia, porque del pendejo de mi vida aprendí muchísimo. Él lo perdió todo, hasta a su mejor amiga, a su mujer perfecta.

Cada persona tiene derecho a tener la relación sentimental que más le convenga, sea con o sin compromiso. El detalle está en sincerarnos con nosotros mismos y darnos cuenta de si estamos aceptando algo distinto a lo que verdaderamente deseamos.

¿Y tú tendrías un amigo con beneficios?


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